Fundació Joan XXIII
El título puede parecer lacónico para una realidad fascinante, pero los adjetivos de adorno pueden resultar insuficientes para describir esta magna obra. Recuerdo una de las enseñanzas de Ben Ami Scharfstein: «Detrás de las razones para un proyecto es imprescindible la persuasión». Hace cincuenta años, dos grandes personas compartían la inquietud a partir de una poderosísima razón. El padre de un discapacitado intelectual, llamado J. Abrines, compartía la necesidad de un espacio educativo para las personas con necesidades especiales. Recibía la confidencia Andreu Llabrés Feliu, entonces adscrito a la parroquia de Lloseta. No conocí al primero. Andreu era de Llubí y me concedió conversaciones en mi época de adolescente inquieto. Era inteligente, intuitivo y emprendedor como correspondía a su saga. Decidieron iniciar un proyecto con el resultado que hoy conocemos. Se les unió sor Aina, una mujer fascinante, perseverante de fe. Era una trinidad que hacía presumir que aquel anhelo sería una realidad. No voy a abundar en la historia, Jaume Jaume Mayol lo ilustra de manera brillante en el libro sobre su historia. El proyecto fue seguido con los inconvenientes habituales, financieros, administrativos…
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