Arroz cocido
Cocer al arroz, una actividad que a partir de la ebullición del agua sólo dura 16 minutos, fue uno de los primeros actos culturales de la civilización, previo al pensamiento abstracto, pues si bien el pensamiento es importante, para pensar antes hay que cocer el arroz. Y hacerlo bien, de modo que cada grano vaya por su lado, solitario como un jinete solitario, sin formar esos grumos que tanto gustan a los japoneses. El arroz cocido, o arroz blanco, es el guiso más elemental que existe, quizá el más simple, que salvó la vida a millones de seres humanos durante milenios, pero que no todo el mundo sabe hacer, y menos si dispone de esos modernos chismes cocedores de arroz, ollas arroceras o comoquiera que se llamen, que no faltan en ningún hogar asiático y harían sollozar de desolación a cualquier abuela china o coreana. Japonesa no, porque claro, las cosas que hacen los japoneses con el arroz… Por suerte, los centenares de paellas que he confeccionado en esta vida me han facultado para una empresa superior. Cocer el arroz sin más y que quede divino. No lo habría logrado de haberme educado en la escuela del risotto, que no está mal pero es otra cosa. Más pastosa, por decir algo.
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