Nuestros gattopardos
SIGUE el debate sobre cómo reformar el modelo turístico y a él se afanan los políticos, economistas, geógrafos, ecologistas, sociólogos y un sinfín de otros concurrentes. Como si estuviéramos en un proceso de cambio que sin saber cuál va a ser al menos alguno será. Sólo Vox en el arco parlamentario está fuera de esa inmensa mayoría -que podría definirse como consenso de normalidad- que aboga por mutar algo del modelo, sin que -cierto es- pueda decirse que haya coincidencia en qué. Y allende los amplios muros que blindan esa aristocracia es raro encontrar una columna, una opinión en una tertulia, una participación en tribuna pública que no crea que algo hay que transformar en el negocio de los visitantes, aunque se diverja -de nuevo- en la definición exacta o el grado de la variación. La coincidencia esencial compartida está fuera de duda: no se puede crecer más en número de turistas.
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