Los muertos que pensamos
El cementerio olía a flores y a lejía. La lejía me lleva a mi infancia, a ese limpiar a fondo arrodilladas en el suelo de las mujeres de Llubí, mi pueblo. Siempre he dicho que las mallorquinas somos las mujeres más limpias del universo. Me baso en aquellos recuerdos de ver a esas mujeres barrer, quitar el polvo, levantar muebles. Recuerdo el olor de cal en las paredes, las puertas relucientes. Incluso el trozo de calle que correspondía a cada fachada estaba mojado de agua jabonosa secándose al sol.
Como cada año volvimos a llevar flores a nuestros muertos. El cementerio era un jardín pequeño. Vi a mujeres con escobas y trapos que removían el polvo. Las tumbas iban llenándose de flores. El ambiente era tranquilo, propicio a la paz y al recuerdo.
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“…No son extrañas ni inadecuadas “ Entonces tenga un ápice de cortesía y conteste a quien le dijo que “Es un buen lugar para descansar del todo”