Horario de invierno
Conviene disfrutar de la semana que entra. Es la última de horario de verano. En siete días, cambio de hora. De noche a las seis de la tarde; de día a las siete de la mañana. Es la señal de cierre, de se acabó el verano. Tardes cortas, noches largas y no deja de haber algo reconfortante en el cambio. La tranquilidad de la manta y el recogerse. La transición coincide con una sensación subjetiva de ciudad abarrotada basada en un par de días de ver mucha gente en las calles sospechosas. Quizá un par de cruceros a la vez o un día que asomaba el frío. No hacen falta explicaciones mientras se esquivan multitudes. El asunto es que han pasado unos meses desde las explosiones de malestar por la saturación, manifestaciones masivas de queja. Fueron al inicio de temporada y pasó el resto sin que la protesta volviera a emerger, o altergada o de vacaciones. Quizá la falta de una organización estable o de un programa más concreto haya dejado el malestar latente un tiempo.
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