La voz propia
Cuando apenas estaba inventada la psicología, las novelas psicológicas y la multitud de personajes ficticios que pueblan la literatura ya nos habían demostrado que cualquier mentalidad, desde la más disparatada y extremista a la más racional, es perfectamente factible, y hasta repetitiva. Que hay gente para todo, y según Borges, que ningún exceso es imposible, todos tienen personalidad propia. Psicología, claro está. Asesinos piadosos, filántropos egoístas, cobardes heroicos, sabios estúpidos, pacifistas belicosos, cómicos amargados. Todo es posible. Una frase de Cervantes que me regaló el profesor Bernat para pegar en el frigorífico lo dice mejor. «Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces». Lo cual explica la enorme cantidad de libros, algunos con estilo propio, que se publican cada año, así como los numerosos grupos políticos, a izquierda y derecha (pero sobre todo a izquierda), que apenas permiten gobernar en ninguna parte. En Francia o España seguro que no, y en Bélgica y Alemania difícilmente. Por la diversidad. Lejos de nosotros ironizar sobre la diversidad (palabra mágica), que si a menudo suele ser bastante pretenciosa, incluso presuntuosa, si Cervantes y Borges ya la aceptaron, y hasta la narraron, no seré yo quien ponga pegas. Lo que ocurre es que en los últimos tiempos, viendo que los socios del Gobierno, algunos con presencia en el Ejecutivo, se oponen a cualquier cosa que diga con más vigor que la propia oposición, y tras indagar los motivos, he tropezado con una frase muy representativa de los diversos. La voz propia. Quieren tener una voz propia, es decir, una voz cantante. Normal, no se puede ser diverso sin una voz diversa. Cabe pensar que eso no tiene que ver con el afán de escritores, cineastas y creativos por alcanzar un estilo propio, pero viene a ser lo mismo. Salvo que si un escritor con voz propia no te gusta, no lo lees, pero las trifulcas políticas te las comes igual. ¿Está aumentando, dentro de la diversidad, el número de gente pretenciosa? No me extrañaría. ¿Y consiguen lo que pretenden? Si sólo es vocear, sí. Para empeños superiores, según las reglas democráticas, tendrán que esperar a ser muchos. No tan diversos.
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