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El año visto desde aquí es un cuaderno a estrenar con las hojas en blanco y donde es importante saber qué es lo primero que anotarás. Lo aconsejable –una vez elegido el cuaderno, color de su cubierta, número de hojas, consistencia, si es flexible o no– es no escribir nada en la primera hoja y emplear la segunda para nombrarlo por primera vez: apuntar 2024. Y mirarlo un rato. Igual le buscas un significado o juegas con las cifras. Que si las sumas, sale ocho. Y según como empieces a restar, cero. Los ceros (nos hemos ido acostumbrando desde 2000) son para asomarse como si fueran ojos de buey o la ventana redonda de la Casa del Reloj. Hay que destinar la tercera página a apuntar lo que haya quedado pendiente del año anterior. Cuanto menos haya que anotar, mejor. La cuarta –que en años como este que empieza coincidiría con el cuarto día de la semana, del mes y del año– puede servir para una lista con planes o propósitos (al año siguiente, es posible que ese listado pase a la tercera hoja, la de las cuestiones pendientes). Nunca un año es idéntico al anterior pero sin que eso quiera decir que no se vaya a parecer a otro del pasado. La primera portada impresa del año parecería un poco eso. El alcalde de la ciudad, de Palma concretamente, decía que tenía que apostar más por el turismo. Quién sabe si la próxima idea puede ser encargar al Fomento del Turismo una campaña para viajes una vez que te has casado. O aprovechar un antiguo lugar de pescadores para abrir allí unos holelitos y, con el tiempo, que también sirva para atraer turismo alemán, incluso de viajes de estudios. O encargar alguna canción que diga algo así como «será maravilloso viajar hasta Mallorca». Y después, ampliar el aeropuerto. Hay veces en que si te despistas, empiezas el año al revés. Igual le pasó eso al alcalde el año pasado. Por eso es tan importante llevar un cuaderno.