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Si tuviéramos que premiar una celebración impregnada de contenido y expresividad, Navidad se sube al pódium. El simbolismo, en el cristianismo, es rico en su liturgia, en su piedad popular y en su arte. La Navidad se ha expresado, sorprendentemente, en distintos períodos de su historia, tanto como unión entre dos novios, como unión entre dos cavidades.

Resulta sorprendente la relación establecida en la Biblia entre la alegría nupcial y la alegría navideña. Antes de Cristo, Isaías así había anunciado a su pueblo la llegada del Mesías en estos términos: «El gozo de un novio por su novia será el gozo de tu Dios por ti». Después de Cristo, se destacó la relación entre el día de la muerte en el monte Calvario y el día del nacimiento en el pesebre de Belén. Tanto en un día como en otro se envuelve al protagonista, en pañales a quien acaba de nacer y en sudarios a quien se va a enterrar. Los pintores de iconos rusos escalaron la cima del simbolismo; el que se contempla en la catedral de la Anunciación del Kremlin, perteneciente a la escuela de Rublev en el siglo XV, otorga a la cavidad de la cuna de navidad un parecido muy notable con la cavidad de la tumba de viernes santo; aunando cuna y tumba, aúna inicio y final de la vida terrena de Jesús.