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La elección, por parte de Francina Armengol, de las tesis de John Keane para su discurso de inauguración de la XV legislatura, ha hecho que más de uno acuda a la Wikipedia para saber quién es este politólogo australiano que tanto parece gustarle. Lástima, porque para evitar poner de manifiesto que está a las órdenes de Sánchez y degradar la institución que preside, le hubiera bastado acudir a la hemeroteca y ver cómo se comportó Félix Pons. Su saber estar, su conocimiento del reglamento, su valentía, su discernimiento, su exquisita neutralidad y su consciencia del cargo que ostentaba, le llevaron a ser uno de los mejores presidentes que ha tenido el Congreso. Hoy, su figura se agranda a medida que la de Armengol se empequeñece. ¿Quién no recuerda cuándo echó a tres diputados de Batasuna por «jurar incorrectamente la Constitución» y les negó su condición de diputados? Era el año 1989 y se estrenaba la IV legislatura. ¿Alguien se imagina algo similar hoy? Claro que no, porque Félix Pons era un hombre de Estado y tenía muy claro cuál era su deber.