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Los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y locales han hecho que muchos políticos tengan que decirnos adiós. Que se tomen las de Villadiego, que decía La Celestina de Fernando de Rojas. Lo normal sería que volvieran a sus casas, a sus trabajos de antaño y a la vida familiar y a la otra. Pero lo normal se ha vuelto excepcional y cada vez hay más casos de quienes, en lugar de dejar paso a las novae generationes, se abren de codos para no perder las suculentas prebendas de la res publica.

Francina Armengol ya está en la lista de espera para el Congreso de los Diputados. No se va al Senado porque el Senado es para dinosaurios y ella, aunque lleva treinta años viviendo de la política, todavía tiene mucho que decir y que hacer. Lo dijo nada más hacer pública su lista a la Cámara Baja. ¡Voy a defender a Baleares! Menos mal, suspiré yo. Por fin vamos a tener a alguien que nos defienda. Claro que toda defensa prevé un ataque. Porque, al parecer, desde Madrid no solo nos roban sino que también nos atacan. ¡Estamos en guerra y no los sabíamos! Por suerte Francina va a ir para allá, para defendernos de nuestros enemigos desde la trinchera in bocca al lupo.

Del Parlament al Parlamento. Pero Francina no viaja sola. Jorge Campos le va a acompañar. Porque Campos es otro de los que se va como diputado al Congreso de las Batallas. Imagino que también irá para defendernos. Lo que no tengo muy claro es si va a la misma trinchera que Francina o va a otra diferente. En cualquier caso, vamos a tener buenos combatientes en una legislatura de bellum. Son entorchados avezados que se bajan al campo de batalla. Ahora sí que podemos dormir tranquilos. Lucharán por nosotros. Y si cayeran heridos, no te preocupes, siempre les quedará el Senatus Populusque a donde envían las bajas del campo de la Terra Belli.