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Hace unos días, la patronal y los principales sindicatos llegaron a un acuerdo histórico que establece una subida salarial del 4 % en 2023 y del 3 % en 2024 y 2025. El acuerdo también contempla una cláusula de revisión del 1 % en función de la inflación. Algunos economistas y políticos consideran que este acuerdo va a ser la ruina para muchas empresas y un suicidio para la competitividad de la economía española. La razón que esgrimen es que la productividad de los trabajadores españoles no ha crecido (ni va a crecer) tanto, por lo que estas subidas salariales condenan a las empresas españolas a perder competitividad. El argumento es que en España los costes laborales unitarios, es decir, la relación salarios/productividad, son elevados en comparación con los países de nuestro entorno. Por tanto, aumentos salariales no harán más que deteriorar la ya de por sí baja competitividad internacional de las empresas españolas.

El problema de este argumento, en mi opinión, reside en como se miden los costes laborales unitarios: A nivel de una empresa concreta, por ejemplo, una empresa que produce neveras, los costes laborales unitarios son la relación entre el salario nominal (en euros por trabajador) y la productividad laboral (número de neveras producidas por trabajador). Las unidades son, por tanto, euros por nevera. Esto indica que, si la productividad laboral de esa empresa no aumenta, un incremento salarial necesariamente implica una disminución del margen de ganancia de la empresa o una traslación a precios, con la consecuente pérdida de competitividad. Pero no es así como se calculan los costes laborales unitarios agregados para una economía. Al ser imposible disponer de la cantidad producida en unidades físicas para el conjunto de la economía, se utiliza el PIB nominal deflactado con un deflactor de precios para calcular la productividad agregada. Con un mínimo de álgebra se deduce rápidamente que los costes laborales unitarios no son más que el peso de los salarios en el PIB (en términos nominales) multiplicado por un deflactor de precios. Esta es una variable que no tiene ningún significado económico: es simplemente el resultado de multiplicar una variable distributiva (que parte del pastel que se quedan los trabajadores) por un deflactor de precios. Además, el aumento de los costes laborales unitarios así calculados se debe exclusivamente al aumento del deflactor de precios puesto que en España el peso de los salarios en la renta lleva cayendo desde los años 80.

Si en lugar de utilizar datos agregados, que ya hemos visto que no sirven de nada, nos fijamos en datos físicos a nivel de empresa, resulta que ni los salarios son relativamente altos, ni la productividad es relativamente baja. De este modo, el aumento salarial recientemente pactado por patronal y sindicatos permitirá a la clase trabajadora recuperar parte del poder adquisitivo perdido, mientras que, en mi opinión, la viabilidad y competitividad de las empresas españolas no se verá comprometida. El problema de competitividad internacional de la economía española no tiene que ver con los salarios ni con la productividad, sino con el tipo de bienes y servicios que exporta: el aumento salarial no va a ocasionar que las empresas españolas compitan en peores condiciones con las firmas alemanas, sencillamente porque no compiten entre sí: las empresas alemanas exportan otros productos.