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Sedición

Del lat. seditio, -ônis.

1.f. Alzamiento colectivo y violento contra la autoridad, el orden público o la disciplina militar, sin llegar a la gravedad de la rebelión.

2.f. Sublevación de las pasiones.

Los banqueros, al igual que los políticos, se han ganado su mala fama a pulso; triquiñuelas como las preferentes, la falta de empatía con las personas mayores ante la digitalización y tantas otras lindezas los han encumbrado. Mis allegados saben que no soy amigo de estas entidades, pero me sorprende en grado sumo que tantas personas sigan pensando en ellos como merecedores de su confianza a la hora de gestionar los ahorros que tanto cuesta reunir.

Es obvio que entre los mejores clientes de las entidades bancarias se encuentran    empresas como concesionarios de automóviles, inmobiliarias, instaladores de aires acondicionados, empresas de telefonía, compañías de seguros… El colmo de un autónomo es entrar en una entidad, seguro que cualquiera vale como ejemplo, y en la mesa cercana escuchar que ofrecen a un cliente su agente digitalizador; un poco más al fondo de la entidad, la oferta se centra en vender un automóvil; a la pareja de jóvenes que acaban de entrar les orientan sobre las viviendas a la venta que tienen en cartera, siempre que contraten con ellos los seguros de vida y hogar; aires acondicionados, ordenadores o móviles. Tengo que detener unos segundos la conversación con mi asesor personal (que ya no son cajeros), mirar a mi alrededor y asegurarme que no entré, por error, a una gran superficie, de las que tampoco soy asiduo.

Un alborotador jugador de fútbol francés nos proponía que todos nos acercáramos a nuestra sucursal de confianza a lo largo del día X, a la hora que mejor nos venga, solicitar un reintegro por el total de nuestro fondo en cuenta, aunque al día siguiente lo volvamos a ingresar y ver qué efecto causaría. Ya les confirmo yo que la mayoría no soportaría la presión y tal vez con esta medida consiguiéramos un poco de respeto como cliente, una mejor atención, un trato más cercano, sin miradas por encima del hombro. Y, por supuesto, que se centraran en hacer bien su trabajo y dejaran a los profesionales de otras ramas hacer el nuestro. La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.