Esta semana se votan los Presupuestos Generales. Se suele repetir que no hay mejor inversión que la educación, seguida por la sanidad, a las que ahora se añade la inversión medioambiental y las energías limpias, o no tan cochambrosas. Sin embargo, este dogma que casi nadie se atreve a discutir, no hace ningún efecto a los inversores, ni se ha dado nunca el caso de que alguno se lo crea. ¿Son tontos los inversores? ¿Estamos ante el misterio del inversionista negligente, apático? En absoluto. Lo que pasa es que los inversores son inversores, no otra cosa, y su opinión de lo que es buena o mala inversión difiere mucho de la del ciudadano corriente. Además, el idioma de la lógica, o de la moral, también son muy diferentes del de la economía estándar, y de ahí la contradicción entre lo que significa inversión para unos, y lo que significa para los que realmente invierten. Los inversores, en definitiva, alrededor de los cuales parece girar el mundo. Parece no, es que gira. Los gobiernos los buscan afanosamente, pero también los científicos (no hay investigación que valga sin inversores), los poetas líricos, los cantantes y hasta los sociólogos críticos con la prepotencia de los inversores. Que a su vez, oyen la cantinela de las mejores inversiones como quien oye llover, asintiendo con la cabeza, pero a la hora de soltar la mosca se inclinan por los valores tecnológicos. En la tecnología está la verdad. Y el problema, como siempre, es de lenguaje. Como el lenguaje económico ya lo ha invadido todo, y hasta las cuestiones de moral, conocimiento, política o lógica se expresan en términos económicos, nunca hay forma de sacarlas adelante. Las mejores inversiones desde la sensatez, son dudosas o malas desde el rigor económico. Por eso antes se llamaban beneficencia, o misericordia, y ahora filantropía. Sin sus numerosas amigas filántropas, marquesas o princesas, el célebre poeta austrohúngaro Rainer María Rilke nunca hubiera podido dar rienda suelta a su espiritualidad, ni ser una gloria de las letras universales. Pero una mala inversión, como pudieron comprobar dichas marquesas, princesas y tal. Una rentabilidad para el siglo próximo no es rentabilidad.