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Como hace ya un tiempo decidí ampliar mi espacio de libertad personal siendo políticamente incorrecta no me voy a cortar a la hora de decir que Pablo Iglesias tiene razón en lo que a Yolanda Díaz se refiere. Vaya por delante que no comulgo con el ideario ni los fines podemitas pero, al César lo que es del César y, en esta ocasión, Iglesias tiene razones sobradas para colocar un espejo ante Díaz y recordarle quién era y quién es. La señora Díaz es vicepresidenta del Gobierno por decisión de Pablo Iglesias, como antes fue también decisión de Iglesias que Díaz se hiciera cargo de la cartera de Trabajo. Así que, efectivamente, Yolanda Díaz le debe su éxito político a Pablo Iglesias y a Podemos. Pero ya se sabe que, en ocasiones, para crecer hay que romper con tus mayores, y en este caso hace un tiempo que Yolanda Díaz se dio cuenta que Podemos estaba tocando techo, y que si Podemos se iba diluyendo ella se podía quedar al pairo. De manera que la señora Díaz, decidió poner en marcha Sumar, ese engendro, que no se sabe bien en qué consiste, como alternativa a Podemos. Ella dice que Sumar no es un partido y que lo ha puesto en marcha para mantener una «conversación» con los ciudadanos, lo que además de ser una cursilada, no tiene ningún sentido.

Tiene razón Pablo Iglesias cuando defiende que el cauce representativo en una democracia son los partidos. O sea que o bien Sumar se convierte en un partido o no tendrá futuro, salvo que sea una simple maniobra para despegarse aún más de Podemos, y que el PSOE la lleve en sus listas como número dos por Madrid, con la esperanza de que su tirón electoral sume posibilidades a Pedro Sánchez para seguir siendo presidente y de paso ella continuar en el Gobierno.

Yolanda Díaz está en su derecho de tener cuantas ambiciones políticas desee y trabajar para conseguirlas pero o bien es valiente y rompe del todo con Podemos o deja de jugar a que está con ellos sin estar, a utilizarlos cuando le conviene y a distanciarse cuando cree que es lo que toca.