TW
5

Puedo insinuar que la sensación resulta atosigante, pero estoy por decir que muchos de mis conciudadanos la calificarían como asfixiante, lo que testimonia un grado superior de malestar. El tema no es menor porque se trata de un estado de ánimo en sujetos que residen en un país democrático: ¿queda, en nuestro país, algún momento del día que no esté sometido a vigilancia? ¿Queda, en nuestro país, algún acto humano que no esté sometido a reglamento?

La sensación es que cualquier paso que dé el ciudadano y cualquier acto que realice es objeto de un triple control administrativo: a) todo movimiento del ciudadano queda registrado: está vigilado, b) infinidad de actos están sometidos a infinidad de formularios a rellenar y letras pequeñas a entrever: está reglamentado; c) en caso de incumplimiento o inexactitud en la instancia, multa asegurada: está sancionado. (Un gobierno vecino, el británico, en diez años tipificó tres mil nuevos delitos). Se le puede llamar furor o saña, y calificar de controlador o recaudatorio, pero todo ello huele desmesuradamente a «1984. El Gran hermano te vigila» de George Orwell, a «Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión» de Michel Foucault, a Manifiesto de escritores y artistas de 2013 que afirmaba que en donde hay control desmesurado ni hay ciudadano libre ni hay sociedad democrática. Todo remite más a vasallaje que a ciudadanía.