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Dice Neus Truyol que los cuatro años de prisión que la Fiscalía quiere endosarle por haber cometido un grave delito ambiental al consentir innumerables vertidos contaminantes en la bahía de Palma no será un obstáculo para su candidatura a Cort en 2023. Dice también que tiene el apoyo de todos los partidos del Pacte. Esto último se ve que no lo ha pensado demasiado bien, porque no es muy difícil adivinar por qué las restantes fuerzas de izquierdas ven con ojos golosones que Més presente a la alcaldía a una imputada a quien se le pide una pena que supondría su ingreso en prisión. De todas formas, tener ayer el apoyo de José Hila tampoco te garantiza nada, porque ya ven ustedes lo que le sucedió a Sonia Vivas, que pasó en pocos días de ser expresamente respaldada por el alcalde por financiar el Palma Pride, a ser destituida por el alcalde por financiar el Palma Pride. Las fuertes convicciones progresistas de Hila duran lo que un caramelo en la puerta de una escuela.

Aunque todavía Truyol nos guardaba un par de poderosas razones en su argumentario. La primera, que todo se debía a un burdo intento de desprestigio de la izquierda. Como si a la izquierda le hiciese falta algo más que ella solita para desprestigiarse. Ya saben, lo del complot judeo-masónico de toda la vida. Resulta curioso que cuando gobierna la izquierda en Palma, en Mallorca, en Balears y en España, con una fiscalía jerarquizada y convenientemente dirigida por una exministra socialista, la culpa de esa acusación pública sea, cómo no, de la pérfida derecha.

El último motivo que esgrimió la regidora para justificar su no-dimisión fue el más sólido, sin duda. Truyol no dimite porque el delito del que se la acusa no es de corrupción, ni atenta contra los valores de Més. Arrasar praderas de Posidonia Oceanica de superficie equiparable a varios campos de fútbol no vulnera los ideales de Més. Y yo que siempre pensé lo contrario. Ahora me explico por qué el conseller Miquel Mir y sus colegas socialistas y comunistas del Govern quieren construir un emisario submarino en Son Bauló para desaguar sobre la posidonia la macrodepuradora que proyecta el Pacte en la zona, con la única oposición del alcalde de Santa Margalida, Joan Monjo. A lo mejor, el titular de Medi Ambient está buscando relanzar su carrera política.

La Ley de Memoria Democrática en tramitación incorporará una enmienda que declarará ‘ilegal’ el franquismo. No sabemos si la medida alcanzará también a los Reyes Católicos y a Chindasvinto, fachas de manual, como todo el mundo sabe.

El socialismo se ha vuelto muy previsible. Cada vez que la economía o las urnas le devuelven a la realidad –aunque sea efímeramente–, Pedro Sánchez adopta invariablemente dos medidas, a saber: Repartir limosnas para tratar de extender su red clientelar y acudir al regazo de Francisco Franco.
El nuestro es un socialismo franquista, una rareza en Occidente. Nadie habla tanto del dictador –fallecido hace 47 años, aunque parezca que fue ayer– como los dirigentes del PSOE. En su día existía la leyenda de que Franco iba a ser canonizado, y hay quien cree que él mismo anhelaba los altares. Pero lo cierto es que quienes lo sacan cada año en procesión, ironías del destino, son sus fieles devotos del partido socialista.