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Finalmente, hace diez días se celebró el referéndum sobre la independencia de Son Sardina que llevaba tiempo anunciando la plataforma cívica Estiman Son Sardina. El acto tenía como objetivo conocer el apoyo de los habitantes para continuar siendo un barrio de Palma, convertir Son Sardina en una entidad local menor o alcanzar la independencia plena del Consistorio palmesano.

Con otras palabras, disfrutar de autonomía organizativa y normativa y lograr un estatut local específico para la barriada que termine con las multas, castigos, imposiciones y demás normas que Cort ha multiplicado por mil desde que el actual gobierno multicolor está en el poder. Según los organizadores, al evento democrático acudieron más de 370 vecinos de los 364 empadronados. No sabemos si además de los vecinos votaron también algunas vecinas seguidoras de Clara Campoamor. Supongo que la ley de protección de datos no permite que salgamos de la duda. Terminada la jornada electoral, el escrutinio realizado con luces, taquígrafos y algún que otro observador internacional, dio como resultado que los residentes quieren una Son Sardina Lluire.

Además, los organizadores propusieron a los votantes que se posicionaran en favor o en contra del futuro Plan General de Ordenación Urbana que propone la construcción de más de medio millar de viviendas en la zona. Sobre esta cuestión, los votantes votaron casi por unanimidad en contra del crecimiento urbano proyectado por Cort. El caso es que sa Garriga está viviendo una situación muy parecida a la de Son Sardina y estoy seguro de que otras barriadas de la periferia piensan de igual manera. Algo está pasando en el área metropolitana de Palma que hace que sus habitantes no estén a gusto. Cierto político local dijo en una ocasión: Ya es hora de que en Cort aprendamos a sumar, no a restar.