El lamentable episodio protagonizado por Sonia Vivas, José Hila, Alberto Jarabo y Neus Truyol en el Ayuntamiento de Palma no debería sorprender a nadie y demuestra que no todos estamos preparados para ser políticos. Hace tiempo que desde este mismo espacio de opinión he publicado artículos advirtiendo sobre la deriva política en Cort, con políticos con un nulo sentido institucional y más pendientes del Twitter que de la gestión diaria de sus departamentos. El respeto hacia los ciudadanos que pagamos los impuestos en Palma (yo entre ellos, aunque ahora resida en Ibiza buena parte de la semana) ha sido nulo.

Pero lo que hay que decir claramente es que aquí no solo es responsable Vivas, que finalmente ha dimitido como concejal. Jarabo, que posaba orgullosa junto a ella cuando anunció su fichaje, debería responder por ello, explicar los motivos por los cuales la incorporó a las listas sabiendo que era una persona conflictiva, como así demostró en la Policía Local. Por un puñado de votos, Jarabo la incluyó en las listas y ahora parece que no tiene nada que ver con este fiasco. Pues en Podemos quizás deberían pedirle también responsabilidades y dejaría de posar tan sonriente en todas las fotos que aparece, como si con él no tuviese nada que ver con el espectáculo que ha ofrecido el Ayuntamiento de Palma durante la semana pasada.

También ha quedado en evidencia en esta historia el alcalde de Palma, Hila, que apenas le dio importancia al show protagonizado por Vivas y su amiga organizadora del Palma Pride Week cuando habló de la gente de la Part Forana y las lesbianas y unos días después la destituyó como concejal. Hila lleva tres años y medio pendiente únicamente de no perder la Alcaldía y seguramente desde su partido le dijeron que ya estaba bien, que acabase con este desastre diario que suponía la gestión municipal en Palma, con salidas de tono de forma repetida por varios ediles y una gestión, además, que deja mucho que desear. Un año no le bastará para darle la vuelta a todos los desastres que ha protagonizado su gobierno durante la legislatura. Y por último conviene citar a Truyol, la concejala que se declara okupa, que presume de comprar en los top manta, y que además está investigada por los vertidos de la bahía de Palma, indignada ahora por el episodio protagonizada por su compañera de gobierno, como si ella no hubiese ofrecido numeritos suficientes para pedirle que abandone la política y que se dedique a otra cosa.

El problema de fondo, y que se vive sobre todo en el gobierno de Palma, es que lamentablemente la política se va llenando día a día de personas con pocas capacidades, con mínima experiencia, y por si fuera poco con un nulo sentido institucional y mesura cuyo escaso sentido común acaba perjudicando a todos los ciudadanos, a los que les han votado y a los que no. Nadie llega aprendido a ningún puesto de trabajo o cargo, pero si se utilizase un poquito el sentido común, nos ahorraríamos determinados espectáculos y, además, los políticos no tendrían tan mala imagen entre los ciudadanos. Y lo de Cort lo avisamos desde hace mucho tiempo. Si la nueva política es esto, mejor lo antiguo.