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Se llama Carlos Alcaraz. En el mundo del tenis será el heredero de la fortaleza de Rafa Nadal y de la finura de Roger Federer. Hablo así, como un experto comentarista en el tema, porque gran parte de mi vida ha tenido relación con el tenis. Y esto tiene su historia: yo tenía unos 22 años, recién ordenado sacerdote. Estaba tan delgado y enfermizo que mi madre me acompañó, preocupada, al médico Dr. Juncosa. Después del reconocimiento le dijo: «No te preocupes, a tu hijo lo que le falta es una raqueta de tenis. Yo acabo de llegar de la pista, como hago varios días a la semana. Esto debería hacer él…» Y así empezó la historia.

Desde mi juventud y hasta hace poco tiempo, cada ocho días he practicado este deporte. Ahora las raquetas descansan en el garaje de Son Homar, porque me dedico a la agricultura, en los momentos libres. Para mantenerme en forma en la vida pastoral necesito hacer deporte, para mejor servir en las parroquias de Son Roca y de La Vileta, y en la Llar dels Ancians de Palma…

Después de diez días de confinamiento a causa del virus, gracias a Dios vuelvo a la normalidad, que coincide con el Domingo del Buen Pastor…