Llevamos unas semanas leyendo la noticia del descontento de los vecinos del barrio de Santa Catalina. Yo creía que eran exageraciones de personas que despotrican de la marcha de los jóvenes. Y por ello me dirigí hacia el antiguo barrio de pescadores para comprobarlo por mi mismo. Llegué al mediodía, y aproveché la ocasión de reencontrarme con mi joven amigo Luis Gimeno, restaurador de viejos edificios del lugar y vendedor de pisos. Nos citamos en el restaurante La Tortillería, en pleno mercado cataliner, un lugar donde Jaume Vila hace las mejores tortillas de patatas con cebolla y patata confitada de Palma. Allí te puedes encontrar con un sin fin de turistas británicos o alemanes y hasta con colegas como Bernardo José Mora.

En dicha tertulia pregunté a Luis si era cierto ese malestar en el barrio o eran simples fobias hacia todo lo que oliera a extranjero. Y no, Luis me confirmó que las noticias eran ciertas, pues por las noches, amén del exceso de ruido y jolgorio, la gente, jóvenes en su mayoría, mantenían relaciones sexuales en plena calle, rompían vasos de tubo o realizaban botellones a mansalva, y todo, ante la pasividad de los agentes del orden: «No pedimos más que las leyes se cumplan, y existan los medios coercitivos para evitar tantas molestias a los que intentan conciliar el sueño» –me dice Luís–. «Yo entiendo que a los que se ganan la vida con el negocio de los bares o restauración, les moleste que se cumplan las normas, pero ya es que se están pasando, pues en sus países no pueden hacerlo» –afirma. Y Jaume Vila me lo confirma: «Yo vivo de mi restaurante, pero entiendo que se deben exigir se cumplan las normas de convivencia y este Ajuntament no parece estar haciendo nada».

Salí del mercado de Santa Catalina mirando a mi alrededor. Vi a los camareros y camareras sirviendo amablemente a sus clientes. Lucía un sol maravilloso que invitaba al paseo y a gozar de la vida que nos ofrece Palma y sus calles. Parece mentira que, pasadas las doce de la noche, lo que ahora es un momento gozoso del buen vivir con espíritu mediterráneo, se transforme en un nuevo Magaluf por la desidia de nuestros políticos, con el señor Hila al frente.