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Al leer, o ver las noticias sobre la guerra de Ucrania, no sé a qué atenerme, pues las noticias son diferentes y contradictorias, como para no saber lo que realmente discuten sin transferir ninguna solución posible a los reporteros. Claro, lo que ellos nos reproducen depende de quién hable, y así todos dicen lo que les parece, lo cual nos lleva a la mayor desinformación repartida por doquier. Unos dicen que ambos bandos están cerca de encontrar la solución para acabar la guerra en breve. Otros no ven el fin de la contienda, donde el Ejército ruso no cesa de bombardear los edificios civiles, hospitales, y todo lo que se mueve.

Anteayer los rusos ocuparon Leópolis, recrudeciendo los combates, derribando edificios, y los habitantes protegidos en sótanos donde se agazapaban mujeres y niños, bajo tierra. La cifra aproximada de niños desaparecidos, se calculan alrededor de mil. Las madres devastadas, sin parar de llorar, pidiendo ayuda a gritos, mientras la Cruz Roja hace todo lo que puede, cubriéndoles con mantas y abrazándoles, tratando de apoyarles en su sufrimiento, hablándoles cariñosamente, y dándoles algo de beber y comer.

El éxodo de los ucranianos hacia Polonia y Rumanía es constante; luego son enviados a países europeos que, como España, les acogen en residencias, universidades, casas particulares, teniendo en cuenta que esos refugiados salieron de su país en ruinas, sólo con lo necesario y nada más. Tampoco dinero. Atrapados en un país comunista, vivieron bajo la bota rusa, hasta el derrumbe del muro de Berlín en el año 1989. Los ucranianos recuperaron la libertad y la democracia. Por fin.

Fueron suficiente treinta años para volver la vida europea al país, reconstruyendo la capital Kiev, y uno a uno todos los pueblos, acabando con el régimen totalitario. Y se abrieron al mundo, construyendo viviendas, escuelas, tiendas, teatros; educando a la población proporcionando ocio y cultura. Acabando a cero para volver a empezar. La reconstrucción de Ucrania costará millones de dólares tardando veinte años, con la ayuda de la UE y las deudas de guerra atribuidas al presidente de la Rusia imperial, exmiembro del KGB, dueño del país, con ínfulas de recuperar los territorios satélites de la URSS, coronándose emperador de todas las Rusias y cerrando la llave al pueblos, mientras los oligarcas, amigos de Putin se han ido forrando, comprando palacios, barcos, coches lujosos y cursiladas, paseando por el Kremlin. Y hoy no conocemos el final.