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Se ve que para ser funcionario del consulado español en La Habana se tiene que ser o muy tonto, o muy facha o tener menos catadura moral que un escarabajo pelotero (con perdón por el pobre bicho). Podría ser incluso que el sujeto en cuestión tenga incluso los tres atributos. Como mínimo es lo que se desprende del periplo que ha vivido el padre de Lester Quirós, médico de nuestro sistema público de salud, al que el funcionario en cuestión no le ha admitido un certificado de empadronamiento por estar en catalán.

El mismo Estado español plurinacional y plurilingüístico (lean bien señores constitucionalistas el artículo tres y aplíquenlo de una puta vez) niega la validez del documento escrito en una de las lenguas españolas. La cerrazón del funcionario (incapaz de entender una lengua románica) obligará a un pobre hombre a volver a recorrer 600 quilómetros. Es el vuelva usted mañana clásico del funcionariado español.