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España ha sido y es un socio fiable de la Alianza Atlántica. Esa posición no ha variado desde que en 1986 tras un referéndum el 52,5 % votó a favor de permanecer en la OTAN. Por eso nuestras Fuerzas Armadas han participados en muchas operaciones en las que ha intervenido la Alianza. Y lo siguen haciendo. La más reciente, enviando la fragata Blas de Lezo al Mar Negro para reforzar la presencia de unidades navales de diferentes países que llevan ya meses patrullando en una misión que persigue disuadir a Rusia de un posible ataque a Ucrania.

España, pues, está cumpliendo. En ese marco resulta sorprendente que el presidente del Gobierno haya sido excluido de la reciente videoconferencia que ha mantenido el presidente de los EEUU con los mandatarios de Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Polonia. En lo que tiene de menosprecio a un socio fiable, semejante desdén no parece de recibo. Se dirá que los EEUU no han olvidado algunos episodios lamentables de nuestra política exterior en el pasado. Incluso hay quien ha ido más lejos apuntando que en Washington no se fían de un Gobierno como el español del que forman parte varios ministros que proceden del Partido Comunista y son de confesa simpatía hacia el régimen cubano o el venezolano.

Son los EEUU quienes deberían explicar las razones que han llevado al presidente Biden a excluir a Pedro Sánchez de esa videoconferencia pero, más allá de lo que cada uno pueda pensar de la personalidad y el funambulismo político que caracteriza a nuestro presidente, tengo para mí que semejante ninguneo no es de recibo porque en última instancia, el menosprecio es hacia España, un socio fiable de la Alianza Atlántica como viene demostrando desde hace ya más de treinta años. Y como han sellado con su sangre algunos de nuestros soldados que perdieron la vida en el transcurso de misiones internacionales desarrolladas por la OTAN en Bosnia, Kosovo, Afganistán o en la lucha contra la piratería en el golfo de Adén.