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En el último gran diario español que ha salido a la calle han tenido, al parecer, la discusión interna sobre la línea a seguir: si dedicarse a las grandes exclusivas propias o tender más bien a los temas generales que están en boca de todos. Las dos tendencias han tenido sus defensores y sus detractores. La preconizada por el director de la publicación era la del periodismo de investigación, para ser referente informativo con temas propios, diferentes a los que publican los demás medios de comunicación escritos. La que ha ganado ha sido la otra, defendida por la empresa, por supuesto, de no apartarse de los temas que están en candelero y se sabe ya que interesan a todo el mundo.

La discusión no es nueva. Recuerdo el periódico en el que trabajaba cuando se aprobó la ley del divorcio, en la que todo el mundo opinaba sobre él. Un enésimo articulista envió otro texto que no aportaba nada nuevo a los cien anteriores sobre el tema. El periódico le pidió que escribiese sobre otro asunto y el columnista, enfadado, replicó que si todos los articulistas habían escrito sobre el divorcio por qué no podía hacerlo él. Por eso mismo, le respondieron, porque todo el mundo ya ha escrito sobre él, en detrimento de las demás cuestiones de actualidad.

Es una manera de verlo, claro, porque siempre se puede escribir aportando rasgos nuevos y enfoques diferentes a temas que son inagotables: ahí tenemos, si no, hoy día, las declaraciones del ministro de Consumo, Baltasar Garzón, pero nunca hay que perder de vista los temas diferentes, el ahondar donde los demás aún no han llegado. Si no fuese así, no existiría el periodismo de investigación y muchas tramas de interés público todavía seguirían permaneciendo en el más oscuro anonimato.