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Afalta de cuatro semanas para que se celebren las elecciones autonómicas en Castilla y León, la campaña electoral se desarrolla a velocidad de crucero. Alfonso Fernández Mañueco, el candidato popular a la reelección como presidente de la Junta, estuvo durante el fin de semana arropado por la plana mayor del PP, con Pablo Casado a la cabeza y los presidentes de Galicia, Andalucía, Murcia y la presidenta de Madrid. Frente a un despliegue tan amplio que dio pie al correspondiente eco mediático, llamó la atención que el PSOE ‘contraprogramara’ con el presidente del Gobierno viajando a Granada para participar en un mitin de apoyo y presentación de Juan Espadas, el nuevo líder de los socialistas en Andalucía, comunidad en la que aún se desconoce la fecha de las próximas elecciones. De paso, Sánchez visitó un laboratorio pero esa es otra historia.

Ante la inminencia de los comicios castellanoleoneses (13 de febrero) y el arcano de la fecha para las andaluzas, parecería lógico que el máximo líder del PSOE participara de manera prioritaria en esta campaña. No va ser así; parece que no quiere que le pase lo que ocurrió en las elecciones madrileñas del 4 de mayo, en las que salió vapuleado en su confrontación directa con la presidenta popular Isabel Díaz Ayuso. Pedro Sánchez, que se implicó directamente en aquellas elecciones, no quiere cometer el mismo error. A Luis Tudanca, el candidato de los socialistas, le vendría bien contar con la presencia del presidente del Gobierno en sus actos de campaña, pero a Pedro Sánchez no.

Todas las encuestas apuntan a que el PP ganará las elecciones rozando incluso la mayoría absoluta. De confirmarse –y en La Moncloa tienen sus propios estudios– para la opinión pública la victoria del PP sería la derrota de Pedro Sánchez. Lo mismo que ocurrió en Madrid. Por eso no se espera que en esta ocasión vaya a implicarse en demasía. Gato escaldado huye del agua.