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Como es muy sabido, en este país llamado España tenemos, por influjo del pensamiento católico, la mala costumbre de no respetar la legalidad en vigor. Con el advenimiento de los populismos al Gobierno, se ha puesto en marcha la antidemocrática teoría según la cual éste, porque ha sido votado, puede hacer y deshacer a su antojo, sin respetar, ni tan siquiera, la división de poderes y el estado de derecho. A decir verdad, en nuestro caso concurre además toda una tradición antisistema, gravada en el propio ADN del PSOE. Como he recordado en otro momento (Refrescar la memoria, en este diario el pasado 10 de noviembre), el mismísimo Pablo Iglesias Posse, un 7 de julio de 1910, se permitió esta tropelía: «Estarán en la legalidad mientras la legalidad le permite adquirir lo que necesita; fuera de la legalidad … cuando ella no les permita realizar sus aspiraciones».

Pues bien, el Gobierno de la Sra. Armengol, más bien encomendada al diablo, ha cometido, a mi entender, el desafuero y la ilegalidad de desvirtuar la finalidad de unos fondos, cuyo destino viene regulado por la Ley 2/2016, de 30 de marzo (ecotasa). No cabe duda alguna. El artículo 2.2 es taxativo: «La recaudación de este impuesto tiene carácter finalista y queda afecta íntegramente al fondo para favorecer el turismo sostenible a que se refiere el artículo 19 de la presente ley». La ley obliga a todos, al Gobierno, a los empresarios hoteleros y a la oposición, que, por cierto, es contraria al desvío del impuesto. Dicho en román paladino, esos fondos tienen carácter finalista (turismo sostenible) y no pueden dedicarse a otras finalidades, como se ha hecho, aunque sean relativas a los efectos de la COVID-19. Menos aún a financiar, como también se ha hecho, una entrega de premios de una cadena de radio dedicada a la música juvenil.

Como era de esperar, la falta de tacto del Gobierno balear, y muy específicamente de su presidenta, Sra. Armengol, y del conseller de Modelo Económico, Sr. Negueruela, provocaron la reacción clara de la patronal hotelera, y no sin falta de razón, que la lleva. Como los socialistas que nos mal gobiernan no se acostumbran a verse contestados, sólo se le ocurre al Sr. Negueruela saltar a la palestra y decir: «Los hoteleros deberían ser más prudentes y responsables». ¡No se ha cortado el pelo!

Semejante acusación tan grave a todo un colectivo tan significado obliga a echar mano del refranero: «Dime de qué presumes y te diré de qué careces». Si alguien se ha manifestado, presuntamente, de ese modo ha sido usted, que ha desvirtuado, sin duda alguna, la finalidad de la ley, que ha actuado en contra de la misma, que no ha demostrado, en ningún momento, la prudencia ni la habilidad mínimas que se suponen en cualquier gobernante que se precie, que, esto sí que, presuntamente, puede ser irresponsable, ha abierto un debate inexistente, y que, con exaltación de su debilidad, echa mano del poder y se reafirma en seguir adelante. ¡Allá usted! Hay, Sr. Negueruela, otros recursos y, sobre todo, otros métodos de proceder. Aunque lo vengan haciendo, el ordeno y mando es totalitario y antidemocrático.