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Sólo el dinero es capaz de difuminar las fronteras ideológicas. La reunión en Galicia de ocho presidentes autonómicos de distinto signo político y, en menor medida, el encuentro entre Armengol y el presidente de Catalunya han puesto de manifiesto que cuando de financiación se trata las coincidencias están por encima de cualquier directriz de partido.
El casi sempiterno alcalde de Vigo, lo es desde 2007, Abel Caballero, en una entrevista en televisión, atribuía su insólito 68 % de apoyo electoral al hecho de haber borrado las fronteras ideológicas y dedicarse a gestionar problemas y hacer cosas por Vigo. Aún sin usar los mismos términos, la reunión de los presidentes de Galicia, Asturias, La Rioja, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón, Cantabria y Extremadura señala en la misma dirección: buscar acuerdos al margen de adscripciones ideológicas: cinco socialistas, dos mandatarios del PP y el peculiar regionalista de Cantabria. Los une la reclamación de criterios específicos, entre otros la dispersión y el envejecimiento de la población –representan el 62 % del territorio nacional y el 24 % de habitantes–, ante la expectativa de un nuevo sistema de financiación de las comunidades autónomas, pendiente desde 2014, porque ni Rajoy entonces ni Sánchez hasta ahora se habían atrevido a destapar la caja de los truenos. Que los habrá.

Casi en paralelo, la presidenta balear se reunía con el presidente de la Generalitat para asistir, complaciente y complacida, al desmarque de Pere Aragonès del resto de España y no únicamente en cuestiones financieras. Armengol, por su parte, reclama la consideración de los turistas como población a tener en cuenta a la hora de repartir los recursos del Estado, cuya procedencia, parece olvidarse con excesiva frecuencia, tiene un nombre: impuestos.

A la espera, pues, de la propuesta del Gobierno de Sánchez en materia de financiación autonómica, se perfilan distintos niveles: la España vacía o vaciada, los ocho presidentes reunidos esta semana, a pesar de los esfuerzos de Sánchez por desactivar el encuentro; la España que incrementa su población o ha de prestar servicios a una notable población flotante, con Baleares y la Comunidad Valenciana como estandartes, con los matices propios de cada caso; y Catalunya y el País Vasco, que juegan en otra liga a causa de las carencias parlamentarias de Sánchez, cuya necesidad de apoyos para mantenerse en La Moncloa le lleva a aceptar lo que demanden nacionalistas vascos e independentistas catalanes; sin descartar su elección de primar el pacto de la izquierda con los nacionalismos como opción estratégica. Y Teruel Existe, que también. El mandatario asturiano se refería a la finalidad de la reunión de los presidentes: mismos servicios de la misma calidad en todo el territorio nacional. Loable objetivo. Pero si en algo tenía razón el presidente catalán, en Palma, fue al afirmar que será muy difícil acordar la financiación por la disparidad de posiciones. Al final cada cual a lo suyo y a la hora de contar euros, no hay ni amigos ni ideologías.

Aquel principio constitucional de ciudadanos libres e iguales puede quedar un tanto desarbolado: libres hasta donde la dictadura de la corrección política lo permita; e iguales, unos más que otros.