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Ustedes no se dan cuenta, pero vivimos tiempos surrealistas. Surrealistas y, además, muy preocupantes. Resulta que el otro día, en una conocida red social, una amiga estaba contando cómo se había abierto otra cuenta anónima que no debía de ser tan anónima porque el primero que le pidió amistad en ella fue su ex, y los chascarrillos no se hicieron esperar, referentes sobre todo a la posibilidad de que el contenido de dicha cuenta ‘secreta’ fuesen fotos suyas de carácter íntimo. Y cuando siguiendo la broma yo le puse el escueto comentario en inglés de send nudes (que por si no lo saben significa ‘envía desnudos’, y que suele ser una expresión común en Internet para solicitar fotografías comprometedoras a posibles víctimas), de repente la citada red social me bloqueó durante tres días porque era la tercera infracción que yo había cometido, ya que mi primera falta había sido aseverar que los antiguos griegos eran unos marranos, y la segunda (citando al gran Leo Bassi) que lo más adecuado sería ir a quemar un ayuntamiento. Y qué quieren que les diga: a mí, esto me da miedo. Porque podría entender que mi amiga me hubiera malinterpretado y me hubiera denunciado a título personal (cosa que evidentemente no ha hecho), pero que una especie de ‘gran hermano’ saque de contexto mis palabras y me prohíba de repente hacer uso de mis libertades a la hora de expresarme porque sea él quien decida qué es lo que puedo comentar y cómo, no deja de parecerme un poquito preocupante. ¿A ustedes no?