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Que se sepa, los ingleses y anglosajones en general, incluidos estadounidenses, no han cumplido jamás ningún trato firmado; de hecho, nada más firmarlos ya empiezan a rezongar, poner mala cara y exigir bajo amenazas un nuevo acuerdo, porque el que acaban de aceptar es inviable. Se trata de una tradición histórica, de la que están muy orgullosos porque denota gran superioridad intelectual y moral, que a su vez genera soberanía y derechos propios. De ahí la frase, tantas veces escuchada en los westerns a un jefe sioux, apache o cheyenne, «Hombre blanco habla con lengua de víbora». Que no se refiere a cualquier blanco, sino al norteamericano.

Muy inglés en cuestión de tratados, y que gracias a no haber cumplido jamás ninguno, edificaron un imperio. Si alguien debe saber eso, aparte de las naciones indias y los aficionados al western (y los irlandeses, naturalmente), es precisamente Europa, que lleva aguantando esa historia desde tiempo inmemorial, antes de que la conocieran los navajos o los irlandeses. Y soportando la lengua de víbora del premier Johnson, día tras día, en las agotadoras negociaciones del ‘Brexit’.

Negociaciones abstrusas, puesto que desde el principio se vio que querían irse, pero seguir dentro, y mandando. Y que nada más acabar ya sabíamos que no habían terminado, porque como se comprobó la última semana, nada irrita más a un inglés, y le parece más inaceptable, que un acuerdo de Estado recién firmado. Que según dicen ahora, quiebra la integridad territorial y la soberanía del Reino Unido. Por lo de siempre, el escollo imposible, Irlanda del Norte. Cuyo Protocolo, con grandes concesiones europeas, afirma ahora el Gobierno de Londres que jamás debió firmar. Por qué no nos extraña.

Así que tras los refunfuños y los amagos de incumplimiento, llegan las amenazas, los enfrentamientos y todo lo que conlleva intentar negociar con los ingleses. La verdad, no sé de qué se sorprenden en Europa. Una frontera terrestre en Irlanda del Norte, que era lo obvio y correcto, no la aceptaban porque resucitaría al IRA, y tras avenirse la UE a colocarla en el mar, resulta que quiebra la integridad británica. Intolerable, desde luego. Son así, de toda la vida. Eso ya lo advirtió el gran jefe sioux Tatanka Iyotanka, Toro Sentado. Hombre blanco, lengua de víbora.