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Yo pensaba que después de haber vivido una temporada turística malísima (la de 2020) y otra mediocre (la de este año) muchos de los que cuelgan carteles contra los turistas en los balcones de sus casas cambiarían de opinión, que se mostrarían más sensibles y tolerantes con el turismo, pero he comprobado que no es así. Da igual si hay miles de trabajadores del sector turístico que siguen en ERTE, que otros vuelvan al paro en los próximos días, además de todas las empresas que aún sobreviven de milagro. Tampoco importa si el turismo representa el 80 por ciento de nuestro PIB. Los turistas siguen molestando, y especialmente los cruceristas.

Debo de reconocer que me han sorprendido las críticas vertidas hace unos días por la presencia de cuatro cruceros el mismo día en el puerto de Palma. Al parecer unos 7.000 cruceristas colapsaron las calles de la ciudad e impidieron a muchos ciudadanos poder salir a la calle, sentarse en las terrazas, y hacer una vida más o menos normal. Como si fuesen bárbaros, al parecer, los 7.000 turistas provocaron un daño irreparable al ecosistema palmesano, los parques y jardines quedaron destrozados, y se multiplicaron por cuatro los grafitis de la ciudad. Palma tardará décadas en recuperarse por la presencia de tantos cruceristas el mismo día en la ciudad.

Ironías aparte, sigo sin comprender en qué consiste el nuevo modelo turístico que nos ha anunciado tantas veces el actual Govern porque todo sigue igual en la primera industria de Balears que cuando no gobernaban ellos. Los turistas van a las playas, ocupan terrazas, comen en restaurantes, y se toman copas en bares y discotecas, como han hecho siempre. Cuando empieza a hacer frío, dejan de venir y los hoteles cierran. Por cierto, se ha hablado poco del optimismo desbordante de Armengol y Negueruela al anunciar repetidamente que la temporada se alargaría, algo que por supuesto no ha ocurrido.

Lo que me gustaría que me explicasen los actuales dirigentes políticos es una cosa: si el problema es que vienen muchos turistas, y prefieren visitantes con mucho poder adquisitivo, ¿a qué se debe esta fobia contra los cruceristas? ¿Han leído algún informe serio para conocer el dinero que gastan durante las pocas horas que visitan Mallorca?
Si lo que pretende el Govern es que no vengan a Balears tantos turistas pobres (y que lo diga un gobierno progresista es bastante sorprendente y sobre todo incoherente) lo que deberían conseguir es que llegasen grandes cruceros todos los días, y no uno, sino tres o cuatro, que haya cola de grandes barcos para atracar en el Dique del Oeste cada mañana.

Ahora que Francesc Antich preside la Autoritat Portuària podrían hablar con él (hay consellers que incluso cobran 1.000 euros al mes por asistir a reuniones de este organismo) y decirle que negocie con las navieras para que traigan muchos más cruceros y, paralelamente, que Iago Negueruela negocie el cierre de los cientos de hoteles que alojan a turistas de bajo nivel adquisitivo, los conocidos como ‘mochileros’.

Confirmado el fracaso del nuevo modelo turístico anunciado cien veces y nunca ejecutado, lo que sí sería prudente por parte de los actuales dirigentes políticos es que no se alíen con la turismofobia, que decir que sobran turistas puede dar algún voto pero hace muchísimo daño a la imagen turística de Balears. Dejen que la gente viaje donde les apetezca. Y si quieren venir en crucero, bienvenidos.