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Si el tiempo lo permite, llega hoy a nuestras islas en aeroplano de chorro libre que corta el aire María Jesús Montero, la ministra de Hacienda y Función Pública del Gobierno español, afecta de logorrea incontenible –e incomprensible–, y a quien las autoridades socialistas locales suspiran como a Mr. Marshall porque, según especulan los mentideros, viene a anunciar a los gentiles la buena nueva de la compensación de la insularidad que prevé el REB, esa leyenda urbana con la que unos y otros prometieron hace lustros ponernos en la media de la financiación estatal, algo que, como vulgares aborígenes de las ínsulas, no merecemos.

Para la ocasión, Francina Armengol y sus asesores han visionado en sesión a puerta cerrada la genial cinta de Berlanga y Bardem, especialmente el discurso del alcalde y la popular copla entonada por una jovencísima Lolita Sevilla y el pueblo soberano. La inquera se imagina en el balcón del Consolat, flanqueada por la ministra y el conseller Negueruela vestido de cordobés –lo estoy viendo– espetando a la muchedumbre enfervorizada: «¡Vecinos de Balears! Como presidenta vuestra que soy, os debo una explicación, y esta explicación que os debo, os la voy a pagar; que yo como presidenta vuestra que soy…». Por supuesto, en castellano, que, si no, se desdibuja el mensaje y además a doña María Jesús el catalán le produce sarpullido. Solo lo habla, en la intimidad, con su socio Pere Aragonès.

La verdad es que el asunto tiene visos de prosperar, porque si nos disfrazamos todos de paisanos andaluces y entonamos a coro nuestra particular versión de las ‘coplillas de las divisas’ sustituyendo el ‘americanos’ por ‘republicanos’ –lo siento, ‘socialistas’ no rima–, lo mismo se ablanda el inmenso corazón de la sevillana y nos paga esta ronda de rebujitos. Lo de la insularidad es más difícil, teniendo en cuenta que la Abogacía del Gobierno –antaño, del Estado– ya aclaró que tal cosa no existe y, claro, Montero no puede ir en contra de sus técnicos, o al menos ese es el pretexto que ponen todos los políticos mediocres cuando renuncian a ejecutar su programa.

Una cosa está asegurada, y es que, tanto si la ministra nos promete suculentas migajas, como si se marcha por donde ha venido y nos quedamos como estamos –que es lo más probable–, la visita habrá sido un exitazo, una muestra de la inconmensurable generosidad del gobierno progre del bello Sánchez para con el Archipiélago que tanto ama nuestro inefable líder nacional.

■ Tras más de un año de interminables obras, parece que el adecentamiento del primer tramo de la calle General Ricardo Ortega llegará pronto a su fin. Ya solo falta plantar los perales –en previsión, vigilo atentamente el saldo del cuentaárboles de la Plaça d’Espanya– y que José Hila corte la cinta entre los vítores del respetable. Digamos que, aunque al alumno le ha costado más de lo medianamente razonable superar la prueba, el resultado final es bastante satisfactorio. Me queda, sin embargo, una pregunta para el alcalde, sus concejales de (in) Mobilitat, Xisco Dalmau, Medi Ambient, Ramon Perpinyà, y sus socios semiverdes: Si MobiPalma proclama urbi et orbi las bonanzas de la movilidad eléctrica, ¿cómo es que en todo el nuevo trazado no se ha instalado ni un solo punto de recarga?