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Casi todas las tramas novelescas o cinematográficas consisten en un sujeto (el género es indiferente) que quiere algo que no tiene, o sufre porque nota que le falta algo y no sabe qué es, y en sus intentos por conseguirlo (lo que se conoce como arte dramático) padece toda clase de desgracias, la trama se complica y exaspera, y tanto si lo que quiere es un tesoro, una venganza, salvar el pellejo o sólo que le dejen en paz, en esa trama cabe cuanto da de sí un ser humano. No hay más historias, ya que si por azar el sujeto logra lo que quería, o no era eso o de inmediato quiere otra cosa.

Graham Greene, escritor católico, aventurero y bebedor, escribió El revés de la trama, lo que no cambia nada porque la trama es igual del derecho que del revés, y sólo admite variaciones anecdóticas y circunstanciales. La cantidad de cosas que puede querer un individuo o individua es infinita, pero las tramas no, ya que suelen centrarse en tipos que sólo quieren una cosa, como Casado o Puigdemont, precisamente los más peligrosos y agresivos. Los que ofrecen más jugo dramático, dentro de similar trama. Cojan cualquier libro de sus estanterías, no sé, Confesiones de un artista de mierda de Philip K. Dick, o Balada de la infinita tristeza, de Bay Juy, poeta de la dinastía Tang, o incluso Mujercitas de Louisa May Alcott, y verán que hay ahí toda clase de gentes y acontecimientos, cambia el vestuario y la climatología, pero la trama sigue siendo la trama.

Cuando el sujeto que quiere algo, o echa en falta algo, en lugar de un personaje es una multitud, sin salir del terreno de la narrativa entramos en el de la política. Efectivamente, en la política de cada día, sea municipal, autonómica o nacional, la trama (basada en hechos reales) siempre es idéntica. Salvo que entonces, en un sistema democrático, el tipo que quiere algo debe lograr que lo quieran muchos, y lo voten, antes de meterse de lleno en el fregado. En las vueltas y revueltas de la trama, llenas de encrucijadas, abismos y tonterías letales. Con giros argumentales estridentes, la materia del periodismo. También se llama lucha por el poder, que es el subtexto de toda trama. Acabas harto de ella. Síndrome de fatiga narrativa.