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El ministro de Universidades tiene que hacer su ley, la ley Castells , claro. Todos quieren hacer la suya, aunque los hay que lo que podrían hacer mejor sería no hacer nada. Y como que, en cada ocasión propicia, la coalición social-comunista que nos gobierna aprovecha para darle un empujón a la monarquía, a ver si paso a paso y golpe a golpe, consigue su caída. La nueva ley aportará también su empujón. Derogará la norma por la que los títulos universitarios se expiden en nombre del Rey de España, como en otro momento se expidieron en nombre del Presidente de la República. Al parecer serán los rectores de las Universidades en nombre de quienes se expidan esos documentos. Se podrá decir –y se dirá, sin duda– que eso es un detalle sin importancia y lo que se les ocurra. ¡Que no se quede nada por decir! Mas, dígase lo que se diga, no hay prácticamente nada sin ninguna importancia, y el caso de los títulos universitarios no es excepción.

La coalición gobernante no da puntada sin hilo. Cambian lo que en cada ocasión y momento pueden cambiar en función de sus intereses ideológicos. Unas veces es más espectacular y otras lo es menos. El asunto de la expedición de los títulos universitarios puede parecer baladí. Mas a mí no me lo parece. En realidad no hay pequeños cambios. Existe el efecto mariposa…

La coalición sabe que pasito a pasito se hace camino también. Contrariamente a lo que hiciera Rajoy, que fue nada a pesar de tener la ocasión y tantas cosas que poder rectificar. Sin embargo, la coalición, en cada ocasión que se le presenta, otro empujoncito y otro más… Procediendo de este modo, silenciosa pero efectivamente, las modificaciones o rectificaciones prácticamente casi ni se notan, y por tanto apenas reciben resistencia y se olvidan con facilidad. Porque, «no tiene importancia»… Es lo que ha creído siempre el PP de lo que no ha entendido.

Y eliminando detalles, uno tras otro, sin cesar, se llega imperceptiblemente a la desfiguración total. Pacíficamente, claro; pues solo significa con ausencia de guerra. Un buen día constataremos que aquello sin importancia que permitimos tuvo sus consecuencias. Aquello que permitimos desfigurar había desaparecido, en realidad ya no estaba, pues en su lugar se había ido conformando algo distinto, desconocido… Incluso imperios desaparecieron así… Si al final de la película no hubiera aparecido el The End los habría que creerían estar todavía en un entreacto.