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El congreso extraordinario del PSC para que Salvador Illa sustituya a Miquel Iceta , volverá a poner en la escenografía la alternativa federal como salida política al soberanismo independentista. Lo del federalismo en el PSOE no es lo mismo que lo del centro en el PP, que se pasea, de tanto en tanto, cuando la ocasión lo requiere para seducir y decantar esos miles de votos que dan la mayoría.

En el PSOE sí hay un federalismo culturalmente arraigado. Aunque con muchas reticencias en la España educacionalmente castellana, donde aún resuenan emociones pasadas y la creencia en una nación española, diversa sí, pero desde la centralidad política y cultural de lo español.

Desligándose del pacto o acato constitucional, el independentismo ha roto con ese idealismo hispánico poniendo en la agenda política española la cuestión catalana y la plurinacionalidad del Estado. A diferencia del siglo pasado, el modelo federal se revaloriza por la multilateralidad que se abre paso a escala internacional, avalándose el federalismo tanto para estructuras supranacionales como para organizar estados con fuertes diferencias territoriales. En España, sin embargo, la viabilidad federal topa con la dureza intelectual de sus dirigentes y los oportunismos particulares. Las derechas, especialmente, andan más preocupados por seguir ocupando sitio en el poder que por aportar entendimiento y soluciones reales para la convivencia. De resultas, se impide la evolución del sistema político y se propicia la frustración en los sectores que están por el diálogo.

Y, ¿qué hacer ante el obstruccionismo institucional?

Frente a la incapacidad de las derechas por entrar en una vía de solución a la cuestión territorial, y otras como el cerrojazo a la renovación en la judicatura, no hay más opción que aprovechar los instrumentos legales que brindan la Constitución y las leyes, que deben respetarse pero, también, usarse como instrumentos de desatasco y toma de decisiones cuando no hay acuerdo. En la cuestión territorial, es hora de dar pasos para cambiar el sistema político hacia la vía federal; la única estructura de Estado capaz de dotar de estabilidad política a España en las próximas décadas.

La fórmula federal, que funciona bien en países como Estados Unidos, Alemania, Bélgica o Suiza, solo es defendida con convicción por el PSC y Catalunya en Comú, que suman el 30 por ciento del electorado catalán. Enfrentados al soberanismo independentista, que desde hace diez años cuenta con el 50 por ciento de apoyo electoral, que no quieren saber nada porque, dicen, esa es una pantalla pasada.

El no del soberanismo a la vía federal no es otro que la desconfianza hacia un parlamento español que históricamente, y en el pasado inmediato en la nefasta etapa Rajoy-Soraya , nunca facilitó el diálogo territorial y que no cree en el federalismo; en consecuencia, el soberanismo independentista lo cree inviable.

Así las cosas, es al Gobierno a quien corresponde moverse mostrando credibilidad de Estado y, dando un paso al frente en la reforma federal, poniendo en el foco el federalismo como objetivo político. La primera actuación de calado político enfocado hacia la vía federal, y viable para esta mayoría parlamentaria, estaría en convertir a las comunidades autónomas en autonomías uniprovinciales.

Desde el punto de vista económico, razón principal de la división provincial de 1833, además del control político, las provincias se han convertido en reliquias administrativas. Y desde la instauración del modelo autonómico convirtiéndose en un contrapoder, no en equilibrio como se quiere vender, siendo al final la cuna de enchufismos y retiro de políticos en desuso, como ocurre en el Senado.

Sin duda, asimilar las provincias a las autonomías, luego cada una dividiría su territorio como administrativamente considerara más eficaz, daría una señal inequívoca de avance hacia el federalismo y permitiría, también, abordar la democracia territorial.