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Según el secretario general de la ONU, el nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, Cambio Climático: las bases científicas, es un «código rojo para la humanidad. «Las señales de alarma son ensordecedoras –afirma Guterres– y las pruebas son irrefutables y se corre el riesgo inminente de alcanzar los 1,5 grados [de subida global de temperatura] a corto plazo». No estamos ante una amenaza, sino inmersos en una situación de extrema gravedad para la humanidad, con efectos que ya padecemos, que se multiplican ante la inacción y que, además, perdurarán durante muchísimo tiempo. El informe califica el Mediterráneo, y los territorios costeros en especial, como una de las zonas más afectadas.

La Unión Europea apuntaba, en su última comunicación sobre la economía azul, que para hacer frente a la crisis del clima y de la biodiversidad se necesitan mares sanos y una utilización sostenible de sus recursos. Por eso Europa defiende que una economía azul sostenible es imprescindible para alcanzar los objetivos del Pacto Verde Europeo y, en ello, los puertos deben jugar un papel esencial dado que son cruciales para la conectividad y para la economía de las regiones. Los puertos deben usarse como centros energéticos que ayuden a alcanzar la neutralidad climática y la contaminación cero: han de apostar por las energías renovables, por la descarbonización del transporte marítimo y por la ecologización de los servicios y las infraestructuras portuarias; han de fomentar las nuevas tecnologías, la investigación y la innovación para una mejor gestión y logística portuaria y para lograr que las actividades relacionadas con los mares y océanos, tradicionales o innovadoras, preserven al máximo la biodiversidad y el clima. Se ha de alcanzar, en fin, una economía circular que dé nueva vida a muchos de sus residuos con el fin de ahorrar la energía necesaria para fabricar nuevos productos, tal como indica el Primer Plan de Acción de Economía Circular aprobado recientemente por el Gobierno español.

Esta es la línea que queremos seguir desde la Autoridad Portuaria de Baleares a través de los proyectos de transición energética que ya estamos impulsando, muchos de ellos con ayudas europeas y con el apoyo de Puertos del Estado y del Govern balear, y mediante la renovación de las ordenanzas y pliegos de condiciones que regulan servicios y concesiones a fin de que incorporen con mayor contundencia estos aspectos medioambientales; de forma especial, buscamos una cooperación con nuestros grupos de interés que haga confluir positivamente lo público y lo privado. Nos parecen, por ejemplo, especialmente relevantes iniciativas como la planta de hidrógeno verde de Lloseta o el Distrito de Innovación del Nou Llevant de Palma, que proporcionará infraestructuras y medios y, en especial, el Polo Marino y el futuro clúster en materia de energía; los foros sobre sostenibilidad y ayudas europeas de Menorca (Illa del Rei), y de Eivissa y Formentera; los proyectos que desde las distintas islas se están presentando a los fondos Next Generation (Plan Mallorca Circular, parque solar de sa Coma en Eivissa, electrificación del parque móvil y la propulsión eléctrica de embarcaciones en Menorca, la descarbonización del mar en Alcúdia, etc.).

Estamos ante una oportunidad que hay que aprovechar para dar un fuerte impulso a la lucha contra uno de los mayores problemas para la humanidad. En esa lucha todos deberíamos sentirnos implicados para responder, decía Guterres, «con solidaridad y valor»; yo añadiría «y con urgente celeridad».