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La noticia de la muerte de ‘Torpedo’ Müller me ha traído de nuevo el recuerdo de Juan Luis de los Ríos . Era mi banderillero favorito.

Quizás porque ni mi afición por los toros ha sido lo suficientemente intensa ni mis conocimientos lo bastante profundos, lo que más me atraía de él, aparte de aquella figura rechoncha suya que sin embargo no le restaba un ápice de elegancia al modo en que iba al encuentro con el toro para ponerle las banderillas, era su apodo. Nadie ha tenido jamás un apodo que lo identificara mejor. Es verdad, sí, que si Margaret Thatcher llegó a ser la ‘Dama de Hierro’ fue porque nunca hubo necesidad de que le subtitularan los discursos; que bastaba escuchar que a Emil Zatopek se le llamaba la ‘Locomotora Humana’ para imaginarlo corriendo en solitario en dirección a la meta después de haber dejado atrás a todos sus rivales, y que tampoco se sabe de nadie al que se le ocurriera preguntar por qué Raquel Welch era conocida como el ‘Cuerpo’.

Pero Juan Luis de los Ríos era más que todos ellos y que cualquier otro: él era simple y llanamente ‘el Fomidable’.

A Gerd Müller su apodo le precedió siempre un par de metros en el área y en su muerte hemos recordado más al apodo que a la persona. Yo mismo soy incapaz de acordarme de uno cualquiera de sus goles con la excepción del que le marcó a Holanda en la final del Mundial de Alemania de 1974. Nunca tuvo la clase de Beckenbauer, el toque de balón de Uli Hoeness , ni el carisma de Seep Maier, pero eso es lo único que tendrían hoy los tres si ese día ‘Torpedo’ Müller no hubiera estado allí junto al punto de penalti para rematar aquel centro de Bonhof desde la derecha.