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Yupi se va a vivir su aventura espacial, vamos todos con él, es la hora de imaginar.» Así era la sintonía de la serie infantil emitida por televisión a finales de los años ochenta que narraba las entrañables peripecias de dos pequeños extra terrestres llegados a la Tierra, procedentes del planeta Tacatón, a causa de una avería en su nave espacial. Desde su éxito televisivo, vivir en los mundos de Yupi se atribuye a quienes están ajenos a la realidad.

Quizá sea preciso recurrir a la fantasía para explicar que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se autoimponga una medalla de oro por su ¿gestión? de la vacunación; o los elogios que se dedican a sí mismos la presidenta de Baleares, Francina Armengol, y su vicepresidente de hecho, Iago Negueruela, por la temporada turística y su desarrollo. Hoy, el acento hay que ponerlo en la reactivación económica, la creación de empleo y los progresos de la vacunación. Las comparecencias tras las audiencias con el Rey de los representantes institucionales suponen la entrada en vigor del decreto virtual mediante el que se obliga al optimismo generalizado. No se atreven con el Baleares va bien por la paternidad de la frase, pero por ahí andan. Aunque en la vida de las personas haya momentos buenos, otros malos, algunos mediocres, para los gobiernos y sus palmeros, también para el de Baleares, no hay rastro de sombras, todo es positivo, como si los ciudadanos fuéramos los infantes espectadores de Los mundos de Yupi y diéramos por bueno que nos ofrecieran enmascaramientos edulcorados de la realidad antes que soluciones a los problemas.

El autobombo por el número de contratos de trabajadores firmados durante el mes de julio y las proclamas de liderazgo del ránking laboral nacional obvian que ese liderazgo es compartido con el número de ERTE en vigor en las Islas, o que el guarismo de parados continúa por encima de las 50.000 personas, muchos menos en cualquier caso que hace un año; también es cierto que cualquier comparación económica con el verano de 2020 lleva las de ganar. La pretendida lluvia de millones de euros como apoyo a autónomos y empresas sigue siendo, en demasiados casos, una expectativa. Los plazos, antes de una semana, a finales de julio, a mediados de septiembre, van transcurriendo inapelables incrementando el riesgo de liquidación de las empresas afectadas por la tardanza.

Cuestiones que no hace tanto eran de vida o muerte como la pobreza energética han desaparecido de la agenda oficial precisamente cuando la factura de la luz con aumentos continuados de récord castiga mes a mes a empresas y consumidores.

Aunque ahora parece que en los afanes del poder político la recuperación económica va por delante de los efectos de la pandemia, extremo que por cierto tanto se criticaba desde instancias socialistas a la presidenta madrileña, con Armengol en la vanguardia de las arremetidas, incluso a la salida de la audiencia con el Rey, lo cierto es que Baleares se encuentra en los primeros lugares en la fatídica estadística de contagios y, lo que es peor, camino de las 900 muertes, a pesar de la buena campaña de vacunación. Que Armengol y Sánchez quieran ser como Yupi y Astrako no tendría mayor trascendencia si no fuera porque su nave es Baleares y es España.