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Había una película española titulada Gente de mala calidad y esa puede ser una de las explicaciones al gran enigma que Hacienda acaba de destapar: más de 120.000 viviendas vacías en las Islas mientras la gente de a pie tiene enormes dificultades para encontrar un piso de alquiler a su medida. ¿Cuántos propietarios mantienen su piso vacío por temor a esa ‘gente de mala calidad’ que paga la primera renta y después si te he visto no me acuerdo? O, peor aún, se dedican a destruir sistemáticamente la propiedad en venganza por no se sabe qué creencia contra las personas que logran tener dos viviendas. Hay otras opciones, también muy viables en esta sociedad: miles de propietarios alquilan sus pisos sin pasar por Hacienda. Por eso, a efectos institucionales, están vacíos.

La economía B nunca ha desaparecido, por mucho que lo intenten desde arriba. Es posible, también, que muchas familias que tienen más de una vivienda la tengan destinada a sus hijos o nietos, todavía sin independizar por edad o circunstancias. Y, finalmente, hay miles de casas que están, sencillamente, hechas polvo y son inhabitables. Porque la dejadez es otra característica muy nuestra.

A la postre es una cuestión individual, cada cual decidirá qué hacer con sus propiedades. Lo que está más que claro es que a la mayoría de la gente le horroriza poner sus cosas en manos de la Administración pública. Por algo será. Lo que tiene que intentar el Govern es crear una sociedad menos desigual, que los trabajadores tengan salarios dignos y estables y eso obrará el milagro de que miles de propietarios les cedan sus pisos en alquiler. Con seguridad y garantías.