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El término descarte procede del ámbito social; demasiados humanos son descartados de la sociedad en razón de su etnia, salud o economía. El término escrache procede del ámbito político; van sumando quienes los han padecido ante sus domicilios. El término cancelar procede del ámbito cultural, se evita invitar a personas –y si ya se han invitadas, se cancela su participación en todos los ámbitos de la vida–, sean artistas, literatos o deportistas, que no aceptan los dictados del grupo de presión; fuera del lobby de turno, no hay salvación: es la llamada «cultura de la cancelación».

En países demócratas, libres y cultos han vuelto ostracismos, inquisiciones y censuras que se daban por superadas. En estos países, en los que nadie se atreve a poner en duda que son demócratas, libres y cultos, se asume que es correcto descartar, escrachar y cancelar seres humanos. Su argumento es inapelable porque su prejuicio, o juicio previo, funciona como juzgado de última instancia; el argumento que usan es «hay que estar en el lado correcto de la historia». Si se pregunta cuál es el lado correcto de la historia, se responde: el lado en el cual estoy ubicado yo. Sistema esquizofrénico el que se autoproclama democrático mientras descarta, libre mientras escracha, culto mientras cancela.