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La desventura democrática de que lo que sucede en el Parlament se quede en el Parlament y no alcance hasta todos los rincones de la sociedad sirve paradójicamente a Ciudadanos para poner sordina al esperpento protagonizado por su grupo parlamentario a cuenta de su portavocía. Y es que desde que Xavier Pericay, uno de los fundadores y primera cara visible del partido entonces de Albert Rivera en Baleares, fuera apartado de la candidatura y de la dirección de la formación, mediante la correspondiente conspiración interna, en Cs no han dejado de pasar cosas raras.

Los antecedentes no eran nada halagüeños. Desde el surgimiento de Cs como reacción de sectores del socialismo catalán contra la entrega del PSC a las tesis del nacionalismo, no ha terminado de acertar el partido con sus liderazgos, a pesar de las apariencias. Las vicisitudes de Albert Rivera después del salto a la política nacional, la renuncia a la socialdemocracia para abrazar el liberalismo y la postrera alucinación de ser el PP en lugar del PP ya son suficientemente conocidas; al igual que los vaivenes de Inés Arrimadas, ora acercándose al PSOE para arrebatar al PP algunos de sus núcleos de poder autonómico –fracaso que desembocó en las elecciones madrileñas y la consiguiente sacudida del tablero político nacional–, ora proclamando lealtades inquebrantables a los populares.

Cabalgando sobre uno de los buenos momentos de Cs el candidato Marc Pérez-Ribas consiguió encabezar un grupo parlamentario de cinco diputados en Baleares. Con Inés Arrimadas, sin embargo, cambió su sino: quedó fuera de la dirección regional y Patricia Guasp, exasesora de Bauzá en el Govern del PP, devino la cara visible en el Parlament. El resto del grupo lo forman Juan Manuel Gómez, también ex alto cargo con el PP; Jesús Méndez, diputado por Menorca y Maxo Benalal, por Eivissa. Sorpresivamente, como si de una alteración primaveral se tratara, tres integrantes del grupo –Ribas, Benalal y Méndez– comunican a la Mesa del Parlament la sustitución como portavoz de Patricia Guasp por Marc Perez-Ribas. Tras avatares varios, los supuestos díscolos retiran el escrito, Perez Ribas y Méndez aceptan de nuevo la disciplina de Patricia Guasp, Juan Manuel Gómez sigue donde estaba, cerca de la cúpula del partido, y el ibicenco Benalal termina expulsado, como promotor de la movida y por el supuesto cobro indebido de 15.000 euros en dietas parlamentarias, detonante en último término de la frustrada rebelión, transmiten los ganadores del conflicto.

Quienes conocen las interioridades de Cs especulan con la confrontación de dos opciones en el seno del partido. Por un lado, Patricia Guasp, junto con su inseparable Juan Manuel Gómez, tendería a mostrarse comprensiva con las iniciativas del Govern, extremo al que no sería ajena la cercanía de un asesor del conseller Iago Negueruela a la portavoz. En el otro lado se situarían los demás diputados de Cs si no con mayor afinidad con el PP sí más críticos con las políticas del Govern de izquierdas. Al margen, el expulsado Benalal cuya situación parlamentaria evoluciona de un día para otro. En cualquier caso, por manoseada que esté, la sentencia del president Tarradellas conserva toda su vigencia: en política se puede hacer todo, menos el ridículo.