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Durante las últimas semanas, en este diario se han publicado algunas informaciones sobre las controversias surgidas a raíz de la colocación de algunos elementos que integran distintas obras públicas de la Isla. Desde la Demarcación de Baleares del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos creemos adecuado exponer algunos conceptos que pueden resultar aclaratorios y que puedan servir para entender algunas de estas actuaciones:

La labor del ingeniero de caminos abarca las muchas facetas que integran las obras públicas. Las decisiones a tomar para definir todos los elementos que las componen responden eminentemente a criterios técnicos que permitan avalar la seguridad, la integridad, y las garantías de la infraestructura frente a su usuario final; y, por supuesto, también se deben tener en consideración criterios estéticos y de integración paisajísticos. El técnico, con su responsabilidad, avala la idoneidad de los trabajos a realizar, que deben responder a la exigencia cada vez mayor de la sociedad en lo referido a las inversiones realizadas con el dinero de todos. En esa búsqueda de equilibrio entre los factores, el ingeniero de caminos trata de conseguir la solución óptima, aunque no sea percibida como tal por todo el mundo, como es completamente comprensible. Las legítimas críticas que pueda recibir una actuación, para ser lo más constructiva posible, deberían fundamentarse en un conocimiento mínimo de las circunstancias que llevan a la elección de una solución y no otra, y a partir de ahí abrir el debate a las distintas opciones que se puedan ofrecer.

Cuando tratamos de elementos de defensa de la red viaria, el técnico redactor del proyecto o el técnico director de la obra asumen la responsabilidad de dotar a la vía de un elemento que, de acuerdo a las instrucciones existentes relativas a la protección a los usuarios, garantizan su correcto funcionamiento en caso de accidente. Y cabe resaltar este hecho de la responsabilidad, ya que en muchos casos es el propio técnico el que personalmente debe responder ante posibles contratiempos futuros debidos a la ejecución de la vía. Ya sea debido a que adopta un elemento patentado y ensayado, o bien porque adopta un elemento que a su criterio técnico garantiza el objetivo buscado de defensa en la vía, el ingeniero selecciona bajo su responsabilidad la mejor de las soluciones.

«Las técnicas tradicionales, una riqueza cultural que se debe mantener, son adecuadas y exigibles para aquello que resultan adecuadas… la naturaleza de este tipo de construcciones no está pensada para el objetivo que se busca y que no es otro que la contención del vehículo que pueda sufrir un accidente».

Las técnicas tradicionales, una riqueza cultural que se debe mantener, son adecuadas y exigibles para aquello que resultan adecuadas. Esto es, en elementos ornamentales que dan el carácter propio a la singularidad que tenemos en nuestra Isla. Pero no resultan aplicables a las situaciones surgidas en las últimas semanas. No se puede perder la perspectiva y pretender que, en aras de mejorar aspectos estéticos o integradores, se olvide el carácter fundamental de estos elementos de defensa, que no es otro que el de salvar vidas. Por ejemplo, un pretil o una barrera de seguridad de una carretera cuyo objetivo es evitar la caída lateral de los vehículos ante un desnivel, debe cumplir el parámetro denominado ‘deflexión dinámica’, que no es otro que la deformación que puede llegar a sufrir el elemento de contención ante un impacto, y que en ningún caso puede ser mayor a la distancia existente entre la parte del elemento que recibe el impacto y el desnivel que trata de salvar. Esta deformación es impensable si el elemento de defensa no dispone de una cierta rigidez interna, ya sea obtenida por los propios materiales que lo componen o ya sea por la técnica constructiva adoptada. En estos casos, como es lógico, la utilización de técnicas tradicionales como las sugeridas en las noticias publicadas no resulta viable, ya que la naturaleza de este tipo de construcciones no está pensada para el objetivo que se busca y que no es otro que la contención del vehículo que pueda sufrir un accidente. Tratar de dotar a dichas defensas de un carácter integrador y estético en muchos casos resulta oportuno y necesario, aún a sabiendas que difícilmente se alcanzarán los niveles de excelencia apreciables en otros elementos de carácter tradicional y donde, recordemos, no se hayan requerido unas especificaciones técnicas como las anteriormente indicadas.

Desde la Demarcación de Baleares del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos creemos que en nuestras Islas contamos con unos profesionales con una gran formación, altamente preparados, y que la sociedad a la que sirven puede sentirse tranquila en el sentido de que las actuaciones de nuestros técnicos siempre responderán de forma adecuada a los requerimientos que de dicha sociedad se derivan.