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En 1625, Felipe IV envió a Spínola, al mando de un fuerte contingente militar, para recuperar Breda, ocupada por los neerlandeses al mando de Mauricio de Nassau, de la casa de Orange. La defensa de la plaza fue heroica, pero, tras un implacable asedio, tuvo que rendirse. Spínola reconoció la valentía de los vencidos y permitió su salida desfilando con sus banderas al frente. Nassau, al entregar la llave de la ciudad, hizo ademán de arrodillarse, lo cual fue impedido por su vencedor; momento que eligió Velázquez para inmortalizarlo.

La entrega de las llaves de las prisiones vascas al lendakari por el ministro del Reino, Iceta, fue también un acto de rendición con bisagrazo incluido por parte de un ministro reverente, como Nassau, sin que su vencedor intentara evitarla, como Spínola. Fue la entrega de las llaves de nuestra dignidad, que deja el camino expedito a la impunidad, las llaves de la traición a las víctimas de ETA y a los valores que los españoles defendieron. La sociedad resistió heroicamente durante muchos años el fuego vil de los terroristas, el asedio asesino de la banda, que costó poco menos de mil muertos, cientos de heridos, varios secuestrados, miles de amenazados y extorsionados y doscientos mil exiliados vascos que se refugiaron en el resto de España.

La Rendición de Ajuria Enea abre paso a que, en poco tiempo, los asesinos de tantos inocentes, mucho antes de finalizar su condena, puedan celebrar su salida tomando chiquitos con la peña por las herriko tabernas, recordando festivamente sus fechorías mientras a las víctimas se les entierran sus recuerdos, se ofende su dignidad y la Justicia queda burlada.

Este es el último capítulo de la tragicomedia pactada por Zapatero en las negociaciones sobre el cese de la violencia, que todos los presidentes que le han sucedido, incluido Rajoy, han seguido con exactitud. Este acto de entrega constituye la conclusión de la normalización política de los sucesores de ETA, que se complementa con el profundo dolor del presidente por el suicidio en prisión de un terrorista y la elección de Bildu como socio y actor en la dirección del país, y se paga con el apoyo a los presupuestos y el sostenimiento del Gobierno. Insufrible.