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Alguien me dijo: «Es duro fracasar en algo, pero es mucho peor no haberlo intentado».

El fracaso no debe asustarnos ni desanimarnos. Lo grave es no haber intentado nunca nada.

El fracaso es una parte intrínseca de la acción. Todas nuestras actuaciones tienen un desenlace positivo, neutro o negativo.

Cuando no llevamos a cabo actuación alguna es cuando fracasamos radicalmente.

La no acción es el gran fracaso. El quedarnos brazos cruzados, sin hacer nada, es lo peor que nos puede suceder.

No dejemos abatirnos por el fracaso. Si fracasamos, intentémoslo una vez más y tal vez lograremos la meta deseada.

Es peor no hacer nada que fracasar. La vida nos lo ha enseñado con meridiana claridad.

Quien no actúa no se equivoca, pero tampoco consigue nada.