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Todos hemos presenciado lo ocurrido. La verdad ha triunfado de modo arrollador. Sánchez todavía no se ha repuesto de la azotaina que le infligieron. Hay ocasiones en que nada es tan fácil como lo que parece imposible. Para perplejidad de fanáticos y sectarios socialistas, que abundan, cómplices de lo que ahora lamentarán, se ha cumplido la profecía que un día hiciera la novata Ayuso. Y es que, como he venido alertando en mis reflexiones sobre la realidad social y política en España, «no se puede tomar por tonta a la gente». Ésta traga sapos, carros y carretas. Pero, al final, salta y manda a su casa a quien le ha faltado al respeto, con reiteración y osadía.

Mucho más allá de la personalidad de los candidatos en liza y del diseño de las respectivas campañas, lo cierto es que, como ha recordado a los suyos Lucía Méndez , «nuestros cálculos fallaron estrepitosamente, los números nos equivocaron y nos llevaron a ciegas a las urnas. Nos agarramos a la idea de parar el fascismo sin saber que eso no le da miedo a nadie. Nos dejamos arrastrar por la campaña de Pablo Iglesias y eso fue decisivo para desangrarnos. Ayuso supo conectar con el estado de ánimo de la sociedad y la izquierda, no». ¡Cierto! Sin embargo, la izquierda, y específicamente los socialistas, tendría mucho más que analizar. Allá ellos. Llevan muchísimo tiempo, al menos desde Zapatero , empeñados en provocar una clara desafección de lo más sano de su electorado. No les vendría mal averiguar por qué y qué posiciones ahuyentan a los suyos.

Hoy quiero insistir en una gran lección, que, no obstante la multitud de circunstancias concurrentes, ha vuelto a impartirse en las elecciones en Madrid. La izquierda la ha experimentado con dolor y en forma de un rotundo fracaso. Su electorado estaba repartido en tres opciones políticas diferentes. A la hora del recuento, hubo que dividir entre tres. Sin embargo, el electorado de la derecha, dada la desaparición de Cs, estuvo representado, en realidad, por dos opciones políticas distintas. En el momento del recuento de los votos, hubo que dividir entre dos. El resultado ya lo saben. Gravísimo error de la izquierda, que ha pagado como merece.

Esta importantísima lección es también muy válida para la derecha. Siempre lo ha sido, desde que se rompió el bipartidismo. Lección que, hasta ahora, no ha sabido aprender y así le ha ido en los procesos electores en que ha comparecido. En esta ocasión, la ha experimentado, de modo favorable, en su propia carne. Un contundente varapalo a la izquierda. Me pregunto si habrán tomado nota para el futuro. Es básico. No hay que otorgar de entrada ventaja tan importante al adversario. Lección que no han de olvidar ni el PP ni Vox. Pero también el electorado de izquierdas y derechas, si no quiere tirar piedras a su propio tejado. En realidad, en el horizonte social y político, parpadea una pregunta esencial: ¿Para qué ha servido la nueva política que acabó con el bipartidismo? Para deteriorar aún más la ecosistema social y político.

Por último, es necesaria otra reflexión, no menos importante para la derecha.

Los ?patriotas? de Vox convendría que tomasen nota de la cuarta receta de Ricardo Moreno , en su Breve tratado sobre la estupidez humana, para luchar contra la misma: «tener una idea lo más aproximada posible de los propios límites». Pregúntese esto: ¿Para qué han servido o qué han aportado, específicamente diferente, que no hubiesen podido realizar con más eficacia sin escindir el PP? Nada, absolutamente nada. Si realmente anhelan una España diferente, saben que eso pasa, de momento, por echar a Sánchez . Lo dicen, ustedes mismos, todos los días. Pues no se comporten como ?tontos? útiles de Sánchez. Ustedes no son alternativa de nada. La alternativa a Sánchez radica en Casado . Abandonen la euforia que exhiben y bajen al terreno de los hechos y las realidades. Si no lo hacen, como me temo, no podrán presumir ni tan siquiera de ?patriotas?.