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El movimiento contra los monumentos ensalzadores de la colonización y el ulterior aniquilamiento cultural y humano de los pueblos colonizados hace cuarenta años que está creciendo en el Norte de América -tanto en Estados Unidos como en Canadá y, más reciente, en México y otros países más al sur– y sus motivaciones de fondo sólo son discutidas por la ultraderecha en aquel país -que no es poca – que se siente directa descendiente de los europeos y que desdeña a los indios o, en lenguaje políticamente ridículo al uso, “a las naciones originarias”. 

Esta contracorriente ultraderechista usa la historia como elemento político que lanzar contra esa izquierda a la que aborrece y que identifica como la responsable de todos los males, tanto de las manifestaciones contra un asesinato racista como, para el caso, de los derribos de las susodichas estatuas. 

En España pasa más o menos lo mismo. Cuando el movimiento a favor de una razonable interpretación histórica de la colonización americana empezó a cuajar -pidiendo, entre otras muchas cosas, que la fiesta nacional no sea la del inicio de la colonización de aquel continente, una ofensa gratuita para millones de los descendientes de los colonizados – enseguida se activó su contrario, que ha dado grandes fabuladores, como la ínclita María Elvira Roca Barea con su fantasiosa obra Imperiofobia y la leyenda negra, destrozada por insignes historiadores pero que a despecho de cualquier evidencia se ha convertido en musa -y su obra en biblia - del más desgastado españolismo que glorifica todavía que lo de América no fue una colonización sino la obra de apóstoles y civilizadores. Son los mismos que hablan de la batalla de Covadonga -supuestamente ocurrida en 722 - como inicio del largo proceso de victoria ante los moros, cuando en verdad no fue – de haber sido algo - más que una de las miles de escaramuzas que se daban en la frontera y que por tanto no existió com tal “batalla” más que en la fantasía cristiana que se la inventó -fue creación política del rey Alfonso III en el año 900 - como gesta seminal de la mal llamada Reconquista, término acuñado en el siglo XIX de forma intencionadamente errónea, pues mal podían “recuperar” los reinos cristianos lo que no fue suyo antes.

Esta utilización perversa de la historia que hace la ultraderecha en el fondo es la misma que hace cierta ultraizquierda para justificar los ataques a estatuas de Fray Junípero -entre otros colonizadores – y la crítica de trazo grueso al conjunto de la colonización americana, asumiendo la leyenda negra como si fuera cierta, cuando en verdad fue inventada -a partir del siglo XVI - bien a posta como operación propagandística – en los Países Bajos, Inglaterra, Francia… - contra el imperio español. 

Habría que dejar a los historiadores debatir sobre esos aspectos tan sensibles de la historia que se usan como elementos políticos e ideológicos. Nunca pasará, por supuesto. Pero si al menos consiguiéramos que tantos y tantos idiotas de ultraderecha y ultraizquierda hicieran un cursillo de iniciación a la historia aprenderían que la primera lección es no juzgar con valores de hoy el pasado. Lo cual no significa que no se deba aprender ese pasado con los valores de hoy. Si se aprecia la diferencia se entiende cuán estúpidos son los derribos de estatuas y, sin embargo, se entiende por qué el Museo de Historia Natural de Nueva York ha mostrado el camino que debería seguirse por todo. No se trata de volver a escribir la historia, que es la que ha sido, pero sí de aprender que el blanco de hoy, como epítome europeo, no tiene culpa pero si puede pedir excusas – no perdón, que no es lo mismo – al comprender el dolor que causó la colonización americana -como las otras, sin duda, de las que no se habla apenas: la asiática, africana… - y, por ende, empezar a retirar – y colocar en museos a posta - los monumentos -como la estatua de Fray Junípero – que ensalzan el pasado colonizador, al margen de si una estatua equis es la de quien fue un asesino o una bellísima persona porque fuera una cosa u otra formaba parte por igual de la operación colonizadora. Tan simple como esto. Tan difícil como esto.