Que la legislatura iba a deparar momentos épicos ya se daba por descontado desde el primer momento, el cóctel ideológico que aunó Pedro Sánchez para mantenerse en el poder era su principal ingrediente. De lo que ya no estoy tan seguro es de que se llegase a adivinar los límites que se rebasarían con el paso del tiempo, las fronteras que se cruzarían para conformar un escenario político en España inédito en todos los frentes. Les adelanto que soy el primer sorprendido por la facilidad con la que el conjunto de la sociedad ha asimilado ese relato de la nueva realidad, la asunción de preceptos aberrantes sin ningún tipo de prevención; uno diría que hasta con entusiasmo. El maquiavelismo se impone sin importar las consecuencias.
La situación en la que se encuentra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, es paradigmática. Imputado por un juez del Tribunal Supremo por revelación de secretos, lejos de dimitir, genera apoyos exacerbados desde el Gobierno que le nombró; poniendo incluso en duda la independencia y la valía profesional de los jueces. En la tarea no faltan las aportaciones del propio ministro de Justicia, Félix Bolaños. No, todo esto no es normal.
Como tampoco es normal que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ponga a su rasputín particular Miguel Ángel Rodríguez a defender a su pareja; un presunto defraudador fiscal confeso. Recursos de instituciones públicas destinados a salvaguardar la honorabilidad de un particular. Qué quieren que les diga, para mí todo esto no es normal.
La lista de anomalías es ya casi interminable. Pronto oiremos decir que disponer o no de unos Presupuestos Generales del Estado es una anécdota, que negociar con quienes tienen como objetivo desmembrar el país es una práctica usual o que es bueno y necesario que los propios miembros del Gobierno se peleen entre ellos; siempre en aras del beneficio electoral que ello reporte. De verdad, todo esto no es nomal. Del mismo modo que Carlos Mazón siga obteniendo apoyos de la dirección estatal del PP a pesar de las sandeces que vocea en sus intervenciones ante las Corts Valencianes.
La última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, cuyas conclusiones hay que coger siempre con pinzas, apunta un dato como mínimo inquietante: Vox crece. La ultraderecha engorda en España, un dato coincidente con el resto de sondeos. La cuestión no es menor y cabe preguntarse por las razones de una tendencia compartida en buena parte de países europeos. Las aportaciones del partido de Santiago Abascal a la política española son nulas, excepto algunas vergonzosas loas al régimen de Francisco Franco, pero su quietud le está permitiendo crecer a costa de la irresponsabilidad de las grandes formaciones, PP y PSOE. O PSOE y PP. Como prefieran. El modo de hacer política actual, sin escrúpulos, alimenta una formación a medida de los descreídos del sistema, con una oferta ideológica simplona, populista y xenófoba. Hacer el caldo gordo a Vox, como hace el PP, o convertirlo en el protagonista diario de la pugna política como hace el PSOE son errores que se lamentarán.
Sin comentarios
Para comentar es necesario estar registrado en Ultima Hora
De momento no hay comentarios.