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Días atrás, un hombre que tenía a su nieto en brazos fue atacado por un ladrón que quería robar en su coche y que intentó apuñalarlo. Ocurrió en la calle Aragón de Palma, pero no es un caso aislado. La violencia callejera está presente en Ciutat y cada semana se registra un episodio grave. O varios. La Policía Nacional, con los medios a su alcance y el apoyo de la Policía Local, se emplea a fondo en su erradicación pero la realidad es que Madrid debería reforzar la plantilla de la Jefatura y dotarla de más medios humanos y técnicos. El turismo es la principal fuente económica de la Isla, y no se puede consentir que se repitan las peleas, agresiones, violaciones o robos violentos. Uno de los principales atractivos de un destino turístico de calidad es la seguridad que se respira en sus calles, precisamente. Además, los ciudadanos de Palma tampoco se merecen convivir con estos actos de violencia.

Más dureza judicial.

En el citado caso de la calle Aragón, hay que remarcar que el acusado es un delincuente habitual que en los últimos tres días había sido detenido por otros tantos delitos. En todas las ocasiones quedó en libertad. Y volvió a delinquir, mostrando un menosprecio absoluto hacia la Justicia. Los jueces, de hecho, deberían ser más duros con este tipo de comportamientos reincidentes.

Policías en la calle.

También es una realidad preocupante que cada vez menos policías que quieran hacer labores de prevención en las calles, porque saben que están expuestos a todo tipo de incidentes y a denuncias contra ellos -casi siempre falsas- que después les acarrean tediosos procesos judiciales. Ahora, muchos de los nuevos agentes prefieren la seguridad que ofrece una oficina en la Jefatura o comisaría. Un indicador inquietante.