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El regreso este jueves de don Juan Carlos a España, a bordo de un avión privado procedente de Abu Dabi, tiene todos los visos de ser un capítulo experimental para la vuelta definitiva del rey emérito una vez que se han cerrado las causas judiciales que tenía abiertas por deudas pendientes con la Agencia Tributaria. De momento, la vuelta tiene un carácter estrictamente privado –para participar en unas regatas en la localidad gallega de Sansenxo– y sólo está previsto un encuentro personal con su hijo, el Rey, el próximo lunes en el Palacio de la Zarzuela. A continuación regresará a la capital de los Emiratos Árabes.

Una situación anómala.

El aterrizaje en el aeropuerto de Vigo supuso el fin de 655 días de expatriación de don Juan Carlos. La medida que adoptó Felipe VI –en calidad de jefe de la Casa Real– tenía por objeto evitar que los escándalos financieros protagonizados por su padre erosionasen la institución monárquica. Toda la operación ha contado con el aval del Gobierno, aunque el presidente, Pedro Sánchez, continúa reclamando del anterior jefe del Estado una comparecencia en la que explique lo ocurrido, hasta el punto de tener que efectuar diversas regularizaciones fiscales. Lo cierto es que se está tratando de poner fin a una situación comprometida en lo que supone un destierro de facto del rey emérito, cuya figura todavía genera una notable controversia social y política en nuestro país.

A medio plazo.

A pie de escalerilla sólo la infanta Elena recibió a don Juan Carlos. Fue un gesto ilustrativo sobre la cautela oficial con respecto a la vuelta definitiva. Los próximos meses serán determinantes para saber si la presencia del rey emérito en España deja de ser esporádica y en qué condiciones se produce, una vez que ha quedado sin asignación económica de la Casa Real y tiene vetada, al menos de momento, su residencia en el complejo de La Zarzuela.