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Las cifras del paro correspondientes al pasado mes de septiembre en Baleares son sin duda mejores que las registradas hace un año, aunque eso no implica que haya que bajar la guardia. De hecho, si los datos de desocupación dados a conocer este lunes se comparan con los acreditados en el mismo mes de 2019, una fecha de referencia, la lectura es menos triunfalista. La pandemia ha causado daños importantes sobre el tejido empresarial del Archipiélago, que necesitará tiempo para recuperarse. Eso sí, está en el camino.

Números insostenibles.

Las patronales siguen manteniendo un considerable grado de complicidad con el Govern y en esa onda hablan también de «evolución positiva» y recuperación «firme». No obstante, el optimismo debe moderarse y así lo observan también los responsables de la CAEB y PIMEM al reconocer que los índices de desempleo «están lejos de recuperar los niveles prepandemia», a la vez que advierten que la remontada será «lenta y costosa». Las actuales cifras de paro siguen siendo un 22 % superiores a las de 2019 y más de 49.000 personas sin trabajo es un número preocupante, muy elevado a las puertas de una temporada baja. Para muchas familias, el ‘invierno turístico’ puede convertirse en infinito, en contraste a los límites de resistencia con que por fuerza cuenta el escudo social desplegado por los gobiernos.

Capacidad de anticipación.

Otra cuestión que no puede soslayarse a la hora de valorar las últimas cifras del paro son los casi 16.000 ciudadanos de Baleares en ERTE. Su precario estatus laboral no computa en las tablas de desempleo. Es cierto que en base al pesimismo no se reconstruye nada; tanto como que una lectura incorrecta de la realidad cotidiana sólo procura cimientos endebles. Urge contemplar el escenario que se perfilará cuando nuestra economía compita sin el ‘dopaje’ del dinero público. Anticiparse a él es un reto necesario.