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Las palabras del embajador de Gran Bretaña en España, Hugh Elliott, han devuelto la esperanza al sector turístico de Baleares. Todo indica que el Gobierno de Boris Johnson podría admitir la regionalización del ‘semáforo’ sanitario de países, el sistema que establece los mecanismos de control de entrada y salida de sus nacionales. En el caso de España, en la actualidad, figura en color ámbar y en consecuencia exigen cumplir una cuarentena a quienes visiten nuestro país. Regionalizar las recomendaciones beneficiaría a comunidades turísticas con una incidencia baja de la pandemia, como sería el caso de Baleares y Canarias.

Máxima expectación

La declaraciones del embajador Elliott han causado la lógica expectación en toda la industria turística de Baleares, donde el peso de los visitantes británicos es enorme y casi exclusivo en determinados enclaves. Algunas zonas de Calvià o las islas de Ibiza y Menorca tienen en Gran Bretaña su principal mercado emisor, razón por la que es fácil entender que el cambio de criterio que apunta el diplomático es trascendental. Evitar la cuarentena al regreso o suavizar las exigencias sanitarias a los turistas que llegan desde las Baleares acabaría de reactivar una industria que todavía no ha alcanzado su pleno rendimiento.

Temporada muy corta

La campaña turística de este año se ha convertido en una auténtica carrera contrarreloj, las aperturas masivas se han retrasado a mediados de mayo en el mejor de los casos; las previsiones de hacerlo en Semana Santa resultaron fallidas. En el caso de que Gran Bretaña siga aplazando la apertura del mercado español para sus residentes, los efectos económicos serán graves sobre el conjunto de la economía balear. La temporada se mantendrá a medio gas, con establecimientos hoteleros y de oferta complementaria que no llegarán a abrir. Sólo el ‘semáforo’ de Londres puede cambiar este escenario.